Parloteo

Por la calle en la que vivo, todos los días transita una decena de negocios ambulantes, desde el vecino que ha adaptado ruedas a una hielera y, acompañado de su hija, recorre el fraccionamiento vendiendo tamales de puerta en puerta, hasta la señora que ofrece a veinte la película de estreno y de a tres dvd por cincuenta pesos, de la tarde al anochecer la vendimia levanta su voz, ya sea a grito pelón, a través de las ventanas o haciendo uso de un megáfono, como el coche que oferta su producto diciendo “que mande al niño, mande a la niña a comprar sus ricos burritos, hasta la puerta de su casa los ricos burritos”. Pasaron varios días para entender qué era lo que ofrecía pues acompaña su aviso con una mezcla musical digna de la estación grupera más popular, el estruendo apenas y deja escuchar la voz del vendedor; una vez que se comprende lo qué dice, rápidamente se olvida, ahora ya sé que a cierta hora, ese rítmico chirriar corresponde al de los burritos.
Supongo que es natural el efecto, a fuerza de tanta bulla, se termina relegando lo que perturba el oído a una zona donde se intenta diluir el daño, en esa operación, las palabras dejan de tener sentido, ya no se comprende, si el día de mañana cambia de giro y vende chaskas, lo más seguro es que pase inadvertido, ese ruido corresponderá al de los burritos.
Similar al parloteo de los miembros de nuestro radical chic (izquierda exquisita traducen el término de Tom Wolfe en Radical Chic & Mau-Mauing the Flak Catchers) que hoy tiene como bandera la defensa, a grito grupero, de la autonomía sindical, los derechos de los compañeros trabajadores, la resistencia contra los intentos privatizadores y este puño sí se ve, los mismos que no tienen reparo en festejar que el que no salte es charro pero defienden a los líderes sindicales que pagan las cuotas del club de golf con las aportaciones.
Similar la respuesta del gobierno federal, que a la megafonía marchista ha sido incapaz de oponer una explicación a la decisión de liquidar Luz y Fuerza del Centro, le bastó con inventarse un discurso chantajista que encarna al mismísimo Satanás en un servicio pésimo. Mejor echar por delante a los pobres, la comparación que reduce a imbécil al ciudadano al intentar llegar al corazoncito: “prefiero darle los recursos a ellos, a los 25 millones de mexicanos más pobres del país que reciben los apoyos del programa Oportunidades”, así de fácil, ya no es necesario aclarar, al imaginario gubernamental le da para inventarse catástrofes a toro pasado: “Las deficiencias e ineficiencias, así como la pérdida de productividad y competitividad, en Luz y Fuerza del Centro provocaron que se dejaran de generar más de 100 mil empleos y se perdiera la capacidad de crecimiento de entre medio y un punto del Producto Interno Bruto”, cifras apabullantes sacadas de la manga.
Alguna vez fui víctima del servicio de Luz y Fuerza del Centro, no podría defender a esa empresa. Harto de “los señoritos por siempre con sus desplegados, los señoritos de siempre en el mitin de hoy, en su importante grupito de no más de cien, los señoritos jugando a la revolución” (Jaime López) no me mueve salir a la calle a manifestar mi repudio. Lo que me gustaría es lo más sencillo: entender, leer argumentos que no rebajen la inteligencia con la extorsión sentimentaloide de los pobres o con la conciencia grupal que levanta pancartas. No creo que suceda, cada grupo se ha aprendido su discurso y lo repite como periquito ante el espejo. Tan ensayada tienen la rutina que se antoja creer en teorías de la conspiración, poderes fácticos que en la cúpula se ponen de acuerdo para generar todo este ruido y escamotear los argumentos.
Sé, pesimista que soy, que pronto ha de ocurrir cualquier otra cosa que distraiga la atención, Juanito volverá por sus fueros a Iztapalapa, López Obrador regresará a Tabasco, los rounds de sombra entre poderes por el presupuesto, incluso la persecución de un globo donde supuestamente viaja un niño, lo que sea.
Mientras tanto, como todas las noches, por la calle en la que vivo, han de transitar los negocios ambulantes, los vecinos que no encuentran otra salida más que convertirse en comerciantes. Cuando el futuro nos alcance y desmienta la buenaventura en que se empeña el Secretario de Desarrollo Económico de Aguascalientes, optimista apóstol de la declaración facilona que niega las cifras de desempleo, seguro encontraré la forma de vender algo, entonces, ya no tendrá caso preocuparse por los argumentos y el debate, en la marchantización social lo que importa es tener una buena receta para hacer burritos.
Publicado en La Jornada Aguascalientes (18/10/09)
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