
Viejos fantasmas con nombres es el título del libro con el que obtuve en el 2001 el Premio Nacional de Literatura Joven Salvador Gallardo Dávalos, un año después (octubre 2002) el Instituto Cultural de Aguascalientes lo publicó.
Al ser mi primer libro, evidentemente, lo veo con afecto, le tengo el cariño de un padre a su hijo, sin embargo, la paternidad no me impide notar, al paso del tiempo, que mi chamaco nació con los dientes chuecos, una pata corta, bizco y... pero es mio, lo quiero al condenadote, a pesar de sus múltiples defectos creo todavía que tiene buen corazón y no es mala cabeza.
Nunca tuve la oportunidad de hablar bien de mi libro, los amigos a los que invité a presentarlo (recuerdo haberle insistido a Guillermo Vega y él, buenote que es, aceptó) se quedaron esperando; el libro me lo entregaron mucho después de que lo publicaron, mi editor parecía disfrutar en hacerme dar vueltas, tanto para la entrega como para la presentación en sociedad. Viejos fantasmas con nombre tampoco circuló, los pocos lectores que tiene son mis amigos incautos a los que regale un ejemplar, algún despistado al que se lo entregaron a cambio de un vale en la Feria del Libro de Aguascalientes y algún otro despistado, producto también del azar.
Hasta cierto punto olvidado, hoy recibo noticias del él, al parecer no le fue muy bien, en el blog México Kafkiano, Jorge Terrones lo reprueba:
"En síntesis, no puedo decir que sea un mal libro, principalmente porque -repito- es un primer acercamiento al ser publicado en forma solitaria. Tomo en cuenta, entonces, para decir que es un libro que fluctúa: no hay una comunicación entre todos los cuentos (mí manía en la unidad); hay textos que, si esto fueran versos, yo llamaría ripiosos; y los epígrafes-poéticos no acaban de cuajar más que -y esto sólo tal vez- consigo mismos. En otras palabras, este libro es un ejercicio literario. Es un entrenamiento." (aquí el texto completo).
Agradezco a Jorge Terrones su comentario, pero sobre todo su lectura, le debo una respuesta mejor, sobre todo más pensada, no una defensa de lo que escribí, una propuesta de conversación, atender la invitación que los jóvenes de México Kafkiano desde hace un buen rato hicieron y pocos hemos atendido.
Mientras tanto, gracias de nuevo
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