Perdón por intolerarlos
El mariachi loco
Con una
coordinación y sincronía impecables, al grito de “ah, eh, ih, oh, uh, uh, uh” y
ejecutando con destreza la coreografía (discretos saltitos de alegría de
izquierda a derecha mientras abrazan su instrumento), miles de mariachis se
congregaron en la entrada del Bosque de Chapultepec para ejecutar la pieza
musical con que culminó la ceremonia de inauguración de la Estela de Luz,
monumento a la altura de las aspiraciones nacionales pero que sobre todo, se
indicó en el discurso oficial, representa la forma en que hacemos las cosas los
mexicanos.
Con la consigna
de que hay que enseñar al pueblo a no confundir su apego a los números redondos
con la puntualidad, se convocó a la ceremonia a las 18:47 para empezar tres
horas y 39 minutos después. Ahí donde alguna vez estuvo la Puerta de los
Leones, una gigantesca manta de terciopelo tricolor esperaba el momento de ser
arrebatada para dar paso a la magnificencia de la Estela de Luz.
Sólo hubo un
discurso brevísimo por parte de las autoridades, con el fin de dar oportunidad
a las televisoras de transmitir en vivo y en directo, en cadena nacional, un
documental sobre la infancia, adolescencia y madurez del arquitecto que diseñó
tan fastuosa obra, así como el primer capítulo de una serie titulada El encanto del cuarzo, en la que a
través de la recreación de momentos históricos se mostrará al pueblo cómo los
héroes que nos dieron patria siempre trabajaron para que su esfuerzo
nacionalista fuera finalmente encarnado en una enorme torre de cuarzo. El
tráiler con que se anuncia este programa muestra, entre otros instantes
patrióticos, que la Corregidora empuñaba un cuarzo al momento en que fue con el
chisme de que había sido descubierta la conspiración; a Morelos redactando los Sentimientos de la nación y usando un
cuarzo de pisapapeles; a Zapata llevando una ofrenda de cuarzo a la morenita
del Tepeyac; a Villa regalando un dije de cuarzo para conquistar a una piernuda
de Columbus; a Rodolfo Fierro morir ahogado por no querer soltar un cuarzo (y
varias bolsas llenas de oro)… entre otras escenas dignas de llenar las
pantallas de 80 pulgadas y ser lanzadas en Blu-ray.
El primer
declarante de la Nación hizo énfasis en que primeramente se calculó la obra en
apenas 339 millones 215,491 pesos, y que gracias a la voluntad de todos subió a
690 millones 489,970 pesos en noviembre de 2010, y sin haberlo inaugurado, para
que finalmente se quintuplicara el gasto y, de acuerdo a un cálculo de la secretaría
de Hacienda, el fideicomiso encargado de la obra ejerciera recursos por 1,122
millones 954,542 pesos, más lo que se vaya acumulando, pues una de las
características de la Estela de Luz es que aún cuando esté destinada al olvido,
se pueda seguir utilizando para desviar recursos. Los aplausos de los invitados
interrumpieron en más de una ocasión este mensaje, pero fueron atronantes al
momento de indicar las cantidades echadas al hoyo.
Con un mecanismo
diseñado en Alemania, ensamblado en China y exportado desde Francia (del que
aún no es posible calcular el costo) se retiró el gigantesco terciopelo
tricolor que nunca más volverá a ser utilizado y al fin se vio el monumento:
una excavación de más de 18 metros bajo el nivel el piso con un dado de
cimentación que algún día (el Primer Declarante hizo énfasis en esto: algún
día) sostendrá ocho columnas de 104 metros de altura y dos caras de 9 metros de
ancho, también se indicó que algún día podrá o no haber un museo, y que en el
futuro se tendrá acabados en pisos, muros y plafones, así como una rampa para
minusválidos; no sólo eso, es posible o no, que próximamente lleguen bloques de
acero italiano, obsidiana y cuarzo de tercera para ir dando forma a la obra.
Para finalizar
su discurso, el Primer Declarante de la Nación envió un tuit a sus seguidores con una imagen de la patriótica excavación
con el siguiente mensaje: “Les envío una fotografía de lo que algún día será la
Estela de Luz”. Los invitados especiales festejaron el tuit con una aplicación de sus Blackberrys especialmente diseñada
para el momento, los acarreados nomás aplaudieron.
El gran final
fue la enjundiosa e inolvidable ejecución del Mariachi Loco, que puso a bailar
a todos los asistentes al ritmo de “Los pollitos dicen pio, pio cuando tienen
hambre cuando tienen frío”, en un remix que hizo continuar la fiesta durante
toda la noche, mezclaron el meneíto con las notas del Aserejé, además de combinar en forma magistral el coro de “a ver, a
ver mover la colita”. El Primer Declarante de la Nación se unió a la fiesta al
ritmo de “Todos queremos que baile el mariachi nos baile la peluca”.
En una muestra
de la calidad de nuestra democracia, en la primera fila de los invitados
especiales, sentados lado a lado, los suspirantes de los tres partidos (bueno,
alianzas) atestiguaron la ceremonia y dignísimos, se negaron a responder
preguntas de la insidiosa prensa que en un afán de echar carne a los perros,
preguntaban por los tres libros que habían marcado su vida, el precio del boleto
del metro y el costo del kilo del jitomate.
Cerca de la
madruga comenzaron a retirarse los camiones con los contingentes de todos los
estados, felices por haber asistido a la ceremonia de celebración y con un vale
por un vikingo y un refresco. Los gobernadores de todos los estados, los miles
de presidentes municipales abordaron sus camionetas blindadas, mientras el
personal de aseo tomaba el sitio para barrer el confeti que se mandó a traer de
Nueva Zelanda.
Las tres
toneladas de desechos recogidas por el personal fueron lanzadas a la excavación
donde algún día se levantará la Estela de
Luz, monumento que encarga el espíritu nacional. ¡Felicidades México!
Publicado en LaJornada Aguascalientes (19/12/2001)

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