19 diciembre 2011

El mariachi loco


Perdón por intolerarlos
El mariachi loco

Con una coordinación y sincronía impecables, al grito de “ah, eh, ih, oh, uh, uh, uh” y ejecutando con destreza la coreografía (discretos saltitos de alegría de izquierda a derecha mientras abrazan su instrumento), miles de mariachis se congregaron en la entrada del Bosque de Chapultepec para ejecutar la pieza musical con que culminó la ceremonia de inauguración de la Estela de Luz, monumento a la altura de las aspiraciones nacionales pero que sobre todo, se indicó en el discurso oficial, representa la forma en que hacemos las cosas los mexicanos.
Con la consigna de que hay que enseñar al pueblo a no confundir su apego a los números redondos con la puntualidad, se convocó a la ceremonia a las 18:47 para empezar tres horas y 39 minutos después. Ahí donde alguna vez estuvo la Puerta de los Leones, una gigantesca manta de terciopelo tricolor esperaba el momento de ser arrebatada para dar paso a la magnificencia de la Estela de Luz.
Sólo hubo un discurso brevísimo por parte de las autoridades, con el fin de dar oportunidad a las televisoras de transmitir en vivo y en directo, en cadena nacional, un documental sobre la infancia, adolescencia y madurez del arquitecto que diseñó tan fastuosa obra, así como el primer capítulo de una serie titulada El encanto del cuarzo, en la que a través de la recreación de momentos históricos se mostrará al pueblo cómo los héroes que nos dieron patria siempre trabajaron para que su esfuerzo nacionalista fuera finalmente encarnado en una enorme torre de cuarzo. El tráiler con que se anuncia este programa muestra, entre otros instantes patrióticos, que la Corregidora empuñaba un cuarzo al momento en que fue con el chisme de que había sido descubierta la conspiración; a Morelos redactando los Sentimientos de la nación y usando un cuarzo de pisapapeles; a Zapata llevando una ofrenda de cuarzo a la morenita del Tepeyac; a Villa regalando un dije de cuarzo para conquistar a una piernuda de Columbus; a Rodolfo Fierro morir ahogado por no querer soltar un cuarzo (y varias bolsas llenas de oro)… entre otras escenas dignas de llenar las pantallas de 80 pulgadas y ser lanzadas en Blu-ray.
El primer declarante de la Nación hizo énfasis en que primeramente se calculó la obra en apenas 339 millones 215,491 pesos, y que gracias a la voluntad de todos subió a 690 millones 489,970 pesos en noviembre de 2010, y sin haberlo inaugurado, para que finalmente se quintuplicara el gasto y, de acuerdo a un cálculo de la secretaría de Hacienda, el fideicomiso encargado de la obra ejerciera recursos por 1,122 millones 954,542 pesos, más lo que se vaya acumulando, pues una de las características de la Estela de Luz es que aún cuando esté destinada al olvido, se pueda seguir utilizando para desviar recursos. Los aplausos de los invitados interrumpieron en más de una ocasión este mensaje, pero fueron atronantes al momento de indicar las cantidades echadas al hoyo.
Con un mecanismo diseñado en Alemania, ensamblado en China y exportado desde Francia (del que aún no es posible calcular el costo) se retiró el gigantesco terciopelo tricolor que nunca más volverá a ser utilizado y al fin se vio el monumento: una excavación de más de 18 metros bajo el nivel el piso con un dado de cimentación que algún día (el Primer Declarante hizo énfasis en esto: algún día) sostendrá ocho columnas de 104 metros de altura y dos caras de 9 metros de ancho, también se indicó que algún día podrá o no haber un museo, y que en el futuro se tendrá acabados en pisos, muros y plafones, así como una rampa para minusválidos; no sólo eso, es posible o no, que próximamente lleguen bloques de acero italiano, obsidiana y cuarzo de tercera para ir dando forma a la obra.
Para finalizar su discurso, el Primer Declarante de la Nación envió un tuit a sus seguidores con una imagen de la patriótica excavación con el siguiente mensaje: “Les envío una fotografía de lo que algún día será la Estela de Luz”. Los invitados especiales festejaron el tuit con una aplicación de sus Blackberrys especialmente diseñada para el momento, los acarreados nomás aplaudieron.
El gran final fue la enjundiosa e inolvidable ejecución del Mariachi Loco, que puso a bailar a todos los asistentes al ritmo de “Los pollitos dicen pio, pio cuando tienen hambre cuando tienen frío”, en un remix que hizo continuar la fiesta durante toda la noche, mezclaron el meneíto con las notas del Aserejé, además de combinar en forma magistral el coro de “a ver, a ver mover la colita”. El Primer Declarante de la Nación se unió a la fiesta al ritmo de “Todos queremos que baile el mariachi nos baile la peluca”.
En una muestra de la calidad de nuestra democracia, en la primera fila de los invitados especiales, sentados lado a lado, los suspirantes de los tres partidos (bueno, alianzas) atestiguaron la ceremonia y dignísimos, se negaron a responder preguntas de la insidiosa prensa que en un afán de echar carne a los perros, preguntaban por los tres libros que habían marcado su vida, el precio del boleto del metro y el costo del kilo del jitomate.
Cerca de la madruga comenzaron a retirarse los camiones con los contingentes de todos los estados, felices por haber asistido a la ceremonia de celebración y con un vale por un vikingo y un refresco. Los gobernadores de todos los estados, los miles de presidentes municipales abordaron sus camionetas blindadas, mientras el personal de aseo tomaba el sitio para barrer el confeti que se mandó a traer de Nueva Zelanda.
Las tres toneladas de desechos recogidas por el personal fueron lanzadas a la excavación donde algún día se levantará la Estela de Luz, monumento que encarga el espíritu nacional. ¡Felicidades México!

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