11 diciembre 2011

Entrevista al poeta colombiano Juan Manuel Roca

En la cotidianidad también se encuentra el registro de lo más profundamente humano
Publican en un solo volumen Ciudadano de la Noche y La Farmacia del Ángel
Javier Moro Hernández

Juan Manuel Roca, uno de los poetas colombianos más leídos e influyentes de la actualidad, nació en Medellín en 1946. Vivió una buena parte de su infancia en México, en la colonia Chapultepec Morales. Al preguntarle sobre esa etapa de su vida comenta que “Son los recuerdos de un niño, recuerdo partidos de fútbol de sol a luna en la calle de Lope de Vega, en donde jugaba con mis compañeritos de cuadra. Tengo una fusión de aromas, de sabores, que durante mucho tiempo he tenido en el registro de la memoria, unos cielos absolutamente azules, un azul mediterráneo, que difícilmente volví a ver en México. La sonoridad de los nombres de los pueblos. En fin, toda una cosa que ya más conscientemente fui encontrando en la poesía náhuatl,  en Juan Rulfo, en esos elementos del habla que maneja Rulfo de manera extraordinaria, que me hacen pensar en Rulfo como uno de los más grandes poetas de América latina, a quién pongo  la altura de Cesar Vallejo como poeta. En fin recuerdo todo ese sabor de lo popular en México, porque este es un país que se ha salvado por el poder de lo popular, que aquí ha sido avasallante, eso es maravilloso”.
El trabajo de Roca ha sido reconocido en múltiples ocasiones, entre algunos de los premios recibidos están el  Premio Nacional de Poesía Ministerio de Cultura 2004, el Premio José Lezama Lima otorgado por la Casa de las Américas y el Premio Poetas del Mundo Latino Víctor Sandoval en 2007. Recientemente la editorial Postdata publicó dos libros esenciales del poeta colombiano Ciudadano de la noche y La Farmacia del ángel, en un solo volumen que fue bautizado solo como Ciudadano de la noche.
Javier Moro H: Ciudadano de la noche y La Farmacia del Ángel ya habían sido publicados con anterioridad en Colombia, pero quería que nos contará cómo se dio el encuentro con Postdata, para poderlos imprimirlos ahora en  México.
Juan Manuel Roca: Pues mira esta edición involucra dos libros, como bien dices, Ciudadano de la noche, que fue publicado en 1989 y La Farmacia del Ángel que fue publicado en 1995, son dos libros que de alguna quienes han escrito cosas sobre lo que yo he intentado hacer en poesía señalan como un despegue, un punto de partida hacia lo que he escrito posteriormente. Además el hecho de que ya no existen esas primeras ediciones, que son ediciones agotadas y me propusieran juntarlos, cosa que además me pareció muy atractiva, porque sí creo que realmente en mi humilde quehacer, son dos cosas que han sido muy significativas: Por otro lado La Farmacia del Ángel es un homenaje al poeta alemán George Trakl, quién tuvo una vida trágica, pues desde muy joven se aficionó a la bebida, por lo que su padre lo metió a estudiar Farmacia y en la escuela encontró las propiedades del cloroformo, de la cocaína, por lo cual murió en un suicidio temprano. Pero más allá de esos avatares trágicos me interesaban dos cosas: por un lado esa creación de atmósferas poderosas que hay en Trakl, que es alguien que pinta con palabras que me suscitaron la idea de hacerle un homenaje, porque además es el cantor de las ruinas de Occidente. Pensé que el título de La Farmacia del Ángel, que fue en donde trabajó en esa farmacia y que aún hoy existe, en Salzburgo, se prestaba para un doble juego también; por un lado, la angelidad y por otro lado la farmacia como tal, un sitio donde siempre llegamos los seres más mundanos, a curarnos las dolencias del cuerpo y no las del alma. Entonces esa mezcla de farmacia y ángel me parecía que tenía que ver mucho con lo que estaba intentando escribir, por un lado unas cosas muy líricas y por otro, cosas como muy pedestres, muy cotidianas, sucias sí se quiere.
JMH: Me parece que en los dos libros hay una necesidad de pintar lo cotidiano, atraparlo.
JMR: Creo que fundamentalmente toda la lírica moderna, desde Baudelaire hasta nuestros días, se ha interesado mucho por desacralizar la poesía, para decir que no hay temas poéticos preconcebidos de antemano, ni palabras poéticas per se, sino que en la cotidianidad también se encuentra el registro de lo más profundamente humano, al fin y al cabo en el momento en el que más humanos somos es cuando ejecutamos acciones diarias, cotidianas. Entonces en ese grado de prosaísmo que uno encuentra en poetas como Luis Carlos López en Colombia e inclusive con algún López Velarde, que es ensuciar un poquito la idea que se tiene de la poesía, que no es lo sacro, no es lo idílico, no es lo que tiene una credencial de belleza, sino que se asienta en lo cotidiano. A mí me parece que por ser más difícil es más estimulante, esa es una frase de Lezama Lima, que solo lo difícil es estimulante.
JMH: Una de las cosas que más me llamo en Ciudadano de la noche, fue la atención a los oficios, muchos que tienen que ver con la noche, con los trabajos más comunes.
JMR: Los más necesarios. Cuando uno ve el trabajo que hace el sastre, que de alguna manera le está creando una sobre naturaleza a las personas para que vayan cubiertas, ahí un grado de “metaforización” del mundo y de posibilidades poéticas, que yo no encontraría ni en el sacerdote, ni en el diputado ni en el presidente, en oficios que aparentemente son mucho más sacralizados en nuestras sociedades que estos oficios humildes. Me parece que en esa humildad casi benedictina de los pequeños oficios hay  un rango de belleza y sinceridad que resulta conmovedor.
JMH: Hay una parte, en un poema que forma parte de Ciudadano de la noche, que menciona como la gente va viendo cómo cambia la ciudad. Me imagino que es Medellín, porque el río es la columna vertebral de la ciudad,  y ellos hablan un poco de cómo de unas cuantas calles la ciudad ha crecido y se vuelve irreconocible y eso es lo que pasa un poco con los oficios, cómo va cambiado.
JMR: Y cómo va cambiado generalmente para mal, porque hay un libro maravilloso de José Luis Romero, un teórico argentino, marxista, que se llama Latinoamérica: las ciudades y las ideas, que demuestra cómo se ha dado progresivamente la despersonalización de nuestras ciudades, la “miamización” de nuestras ciudades, para que todas se parezcan, hay como una especie de esperanto arquitectónico, hueco, vacío, calcáreo, sin vida y tiene que ver con eso, como las ciudades modernas nuestras van a ser todas intercambiables una esquina con otra.
JMH: Regresando a los oficios, a las pequeñas urbes, esas vida cotidiana era mucho más apacible, más humana, por decirlo de alguna manera, la gente se conocía, ¿qué tanto influyen esos cambios en el proceso de creación del poeta, del proceso de creación de estos libros?
JMR: No es que tenga una cosa muy programática, no es que tenga una especie de itinerario para la realización de, lo que intento que sean poemas, porque es difícil decir sí lo son o no, pero depende de las circunstancias y por periodos me funciona de manera diferente. A mí la poesía de ideas, a pesar de que me gustan los poemas argumentales, me gusta que haya un buen argumento. A veces tomo notas, muy ocasionalmente, pero otras veces hay una poesía, una poesía que yo llamo de emergencia, que es esa que nace cuando necesitas el habla urgentemente para expresar algo sin el cual no podrías seguir caminando por la vida. Hay cosas que se den por acumulación, que poco a poco se van fraguando pero muchas veces también hay el poema que sale redondo, que te sientas y lo escribes y eso me parece maravilloso y eso es un poco esa idea de que sí un pájaro se pone a pensar por qué está volando seguramente se cae y en esa misma medida no medía mucho la razón, sino el rapto poético, la intuición, sin llegar a la escritura automática surrealista. De manera que se da de diferentes maneras.
JMH: Aunque en el lenguaje puede haber sensualidad, sin necesidad de la personalización.
JMR: Yo creo que es ahí donde está el carácter elusivo del lenguaje, por eso la poesía que atiende al eros, generalmente es mucho más poderosa cuando lo hace de una manera elusiva. Sí lo dice llanamente el efecto de ese erotismo y de esa carga de sensualidad se pierde, porque es impresionante que con las letras se logren esas imágenes.
JMH: Por último, quería preguntarle cómo siente usted que fue su evolución poética a partir de la publicación de estos dos libros Ciudadano de la Noche y La Farmacia del Ángel
JMR: Creo que en todo lo anterior tal vez había una carga metafórica y cierto barroquismo que fue desapareciendo. Borges dice que cuando uno empieza a escribir es barroco y cuando avanza uno se vuelve minimalista. Yo creo que también, aunque parezca vanidoso, uno cuando empieza a escribir, escribe lo que puede y mientras avanza escribe lo que quiere, o sea hay un mayor control del lenguaje, del instrumental del lenguaje. Creo que a partir de estos dos libros logré un mayor ascetismo del lenguaje, una mayor contención y me vacuné contra cualquier posible fárrago de verbosidad.

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