Publican en un solo
volumen Ciudadano de la Noche y La Farmacia del Ángel
Javier Moro Hernández
Juan
Manuel Roca, uno de los poetas colombianos más leídos e influyentes de la
actualidad, nació en Medellín en 1946. Vivió una buena parte de su infancia en
México, en la colonia Chapultepec Morales. Al preguntarle sobre esa etapa de su
vida comenta que “Son los recuerdos de un niño, recuerdo partidos de fútbol de
sol a luna en la calle de Lope de Vega, en donde jugaba con mis compañeritos de
cuadra. Tengo una fusión de aromas, de sabores, que durante mucho tiempo he
tenido en el registro de la memoria, unos cielos absolutamente azules, un azul
mediterráneo, que difícilmente volví a ver en México. La sonoridad de los
nombres de los pueblos. En fin, toda una cosa que ya más conscientemente fui
encontrando en la poesía náhuatl, en
Juan Rulfo, en esos elementos del habla que maneja Rulfo de manera
extraordinaria, que me hacen pensar en Rulfo como uno de los más grandes poetas
de América latina, a quién pongo la
altura de Cesar Vallejo como poeta. En fin recuerdo todo ese sabor de lo
popular en México, porque este es un país que se ha salvado por el poder de lo
popular, que aquí ha sido avasallante, eso es maravilloso”.
El
trabajo de Roca ha sido reconocido en múltiples ocasiones, entre algunos de los
premios recibidos están el Premio
Nacional de Poesía Ministerio de Cultura 2004, el Premio José Lezama
Lima otorgado por la Casa de las Américas y el Premio Poetas del
Mundo Latino Víctor Sandoval en 2007. Recientemente la editorial Postdata
publicó dos libros esenciales del poeta colombiano Ciudadano de la noche y La
Farmacia del ángel, en un solo volumen que fue bautizado solo como Ciudadano de la noche.
Javier Moro H:
Ciudadano de la noche y La Farmacia del Ángel ya habían sido
publicados con anterioridad en Colombia, pero quería que nos contará cómo se
dio el encuentro con Postdata, para poderlos imprimirlos ahora en México.
Juan Manuel Roca:
Pues mira esta edición involucra dos libros, como bien dices, Ciudadano de la noche, que fue publicado
en 1989 y La Farmacia del Ángel que
fue publicado en 1995, son dos libros que de alguna quienes han escrito cosas
sobre lo que yo he intentado hacer en poesía señalan como un despegue, un punto
de partida hacia lo que he escrito posteriormente. Además el hecho de que ya no
existen esas primeras ediciones, que son ediciones agotadas y me propusieran
juntarlos, cosa que además me pareció muy atractiva, porque sí creo que
realmente en mi humilde quehacer, son dos cosas que han sido muy
significativas: Por otro lado La Farmacia
del Ángel es un homenaje al poeta alemán George Trakl, quién tuvo una vida
trágica, pues desde muy joven se aficionó a la bebida, por lo que su padre lo
metió a estudiar Farmacia y en la escuela encontró las propiedades del
cloroformo, de la cocaína, por lo cual murió en un suicidio temprano. Pero más
allá de esos avatares trágicos me interesaban dos cosas: por un lado esa
creación de atmósferas poderosas que hay en Trakl, que es alguien que pinta con
palabras que me suscitaron la idea de hacerle un homenaje, porque además es el
cantor de las ruinas de Occidente. Pensé que el título de La Farmacia del Ángel, que fue en donde trabajó en esa farmacia y que
aún hoy existe, en Salzburgo, se prestaba para un doble juego también; por un
lado, la angelidad y por otro lado la farmacia como tal, un sitio donde siempre
llegamos los seres más mundanos, a curarnos las dolencias del cuerpo y no las
del alma. Entonces esa mezcla de farmacia y ángel me parecía que tenía que ver
mucho con lo que estaba intentando escribir, por un lado unas cosas muy líricas
y por otro, cosas como muy pedestres, muy cotidianas, sucias sí se quiere.
JMH:
Me parece que en los dos libros hay una necesidad de pintar lo cotidiano,
atraparlo.
JMR:
Creo que fundamentalmente toda la lírica moderna, desde Baudelaire hasta
nuestros días, se ha interesado mucho por desacralizar la poesía, para decir
que no hay temas poéticos preconcebidos de antemano, ni palabras poéticas per
se, sino que en la cotidianidad también se encuentra el registro de lo más
profundamente humano, al fin y al cabo en el momento en el que más humanos somos
es cuando ejecutamos acciones diarias, cotidianas. Entonces en ese grado de
prosaísmo que uno encuentra en poetas como Luis Carlos López en Colombia e
inclusive con algún López Velarde, que es ensuciar un poquito la idea que se
tiene de la poesía, que no es lo sacro, no es lo idílico, no es lo que tiene
una credencial de belleza, sino que se asienta en lo cotidiano. A mí me parece
que por ser más difícil es más estimulante, esa es una frase de Lezama Lima,
que solo lo difícil es estimulante.
JMH:
Una de las cosas que más me llamo en Ciudadano
de la noche, fue la atención a los oficios, muchos que tienen que ver con
la noche, con los trabajos más comunes.
JMR:
Los más necesarios. Cuando uno ve el trabajo que hace el sastre, que de alguna
manera le está creando una sobre naturaleza a las personas para que vayan
cubiertas, ahí un grado de “metaforización” del mundo y de posibilidades
poéticas, que yo no encontraría ni en el sacerdote, ni en el diputado ni en el
presidente, en oficios que aparentemente son mucho más sacralizados en nuestras
sociedades que estos oficios humildes. Me parece que en esa humildad casi
benedictina de los pequeños oficios hay
un rango de belleza y sinceridad que resulta conmovedor.
JMH:
Hay una parte, en un poema que forma parte de Ciudadano de la noche, que menciona como la gente va viendo cómo
cambia la ciudad. Me imagino que es Medellín, porque el río es la columna
vertebral de la ciudad, y ellos hablan
un poco de cómo de unas cuantas calles la ciudad ha crecido y se vuelve
irreconocible y eso es lo que pasa un poco con los oficios, cómo va cambiado.
JMR:
Y cómo va cambiado generalmente para mal, porque hay un libro maravilloso de José
Luis Romero, un teórico argentino, marxista, que se llama Latinoamérica: las ciudades y las ideas, que demuestra cómo se ha
dado progresivamente la despersonalización de nuestras ciudades, la “miamización”
de nuestras ciudades, para que todas se parezcan, hay como una especie de
esperanto arquitectónico, hueco, vacío, calcáreo, sin
vida y tiene que ver con eso, como las ciudades modernas nuestras van a ser
todas intercambiables una esquina con otra.
JMH:
Regresando a los oficios, a las pequeñas urbes, esas vida cotidiana era mucho
más apacible, más humana, por decirlo de alguna manera, la gente se conocía, ¿qué
tanto influyen esos cambios en el proceso de creación del poeta, del proceso de
creación de estos libros?
JMR:
No es que tenga una cosa muy programática, no es que tenga una especie de
itinerario para la realización de, lo que intento que sean poemas, porque es
difícil decir sí lo son o no, pero depende de las circunstancias y por periodos
me funciona de manera diferente. A mí la poesía de ideas, a pesar de que me
gustan los poemas argumentales, me gusta que haya un buen argumento. A veces
tomo notas, muy ocasionalmente, pero otras veces hay una poesía, una poesía que
yo llamo de emergencia, que es esa que nace cuando necesitas el habla urgentemente
para expresar algo sin el cual no podrías seguir caminando por la vida. Hay
cosas que se den por acumulación, que poco a poco se van fraguando pero muchas
veces también hay el poema que sale redondo, que te sientas y lo escribes y eso
me parece maravilloso y eso es un poco esa idea de que sí un pájaro se pone a
pensar por qué está volando seguramente se cae y en esa misma medida no medía
mucho la razón, sino el rapto poético, la intuición, sin llegar a la escritura
automática surrealista. De manera que se da de diferentes maneras.
JMH:
Aunque en el lenguaje puede haber sensualidad, sin necesidad de la
personalización.
JMR:
Yo creo que es ahí donde está el carácter elusivo del lenguaje, por eso la
poesía que atiende al eros, generalmente es mucho más poderosa cuando lo hace
de una manera elusiva. Sí lo dice llanamente el efecto de ese erotismo y de esa
carga de sensualidad se pierde, porque es impresionante que con las letras se
logren esas imágenes.
JMH:
Por último, quería preguntarle cómo siente usted que fue su evolución poética a
partir de la publicación de estos dos libros Ciudadano de la Noche y La
Farmacia del Ángel
JMR:
Creo que en todo lo anterior tal vez había una carga metafórica y cierto
barroquismo que fue desapareciendo. Borges dice que cuando uno empieza a
escribir es barroco y cuando avanza uno se vuelve minimalista. Yo creo que
también, aunque parezca vanidoso, uno cuando empieza a escribir, escribe lo que
puede y mientras avanza escribe lo que quiere, o sea hay un mayor control del
lenguaje, del instrumental del lenguaje. Creo que a partir de estos dos libros
logré un mayor ascetismo del lenguaje, una mayor contención y me vacuné contra
cualquier posible fárrago de verbosidad.
Publicada en La Jornada Aguascalientes (11/12/2011)

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