23 enero 2012

Divorcio amistoso


Perdón por intolerarlos
Divorcio amistoso

Se te olvida que me quieres a pesar de lo que dices, pues llevamos en el alma cicatrices, imposibles de borrar…
Como cada vez resulta más difícil creer en la palabra de alguien, sobre todo si ese alguien pertenece a algún partido político, ahí está la fotografía, difundida en todos los periódicos, en todos los sitios, por muchas agencias. La imagen es de noviembre del año pasado: al fondo están los logotipos de Nueva Alianza, el Revolucionario Institucional y el Verde Ecologista, en primer plano sus dirigentes: Luis Castro, Humberto Moreira, Jorge Emilio González y Jorge Kahwagi, cada uno más contento que el otro, los cuatro levantando el puño tras la firma del acuerdo de coalición al que llamaron Compromiso por México.
Se te olvida que hasta puedo hacerte mal si me decido, pues tu amor lo tengo muy comprometido, pero a fuerza no será…
Quien no aparece en la foto es Elba Esther Gordillo, tampoco los líderes magisteriales de cada sección a lo largo del país; no están en la imagen los intereses económicos que a lo largo de su historia han sabido mover en beneficio de su dirigencia los Verdes, ni el mínimo porcentaje que en cada elección ponen sobre la mesa de negociaciones para vender caro su amor; tampoco la cultura clientelista a la que responden millones cuando de obtener beneficios se trata y que el PRI llama “organización”. No se ven, pero ahí está, esa es la fuerza de México para los partidos que se unieron para ir juntos en más de 120 de las 300 diputaciones en mayoría relativa y 20 candidaturas en el caso del Senado. No se ven, pero se sienten, ese era todo el asunto.
Y hoy resulta que no soy de la estatura de tu vida y al dejarme casi, casi se te olvida, que hay un pacto entre los dos…
Olvidado el pacto, el PRI rompe con el PANAL y engallado va sin Nueva Alianza a las elecciones. Las explicaciones son de lo más banales y cripticas, acusan a los dinosaurios, barajean nombres, motivaciones, pero ante la proximidad del tiempo de las urnas y, sobre todo, al cuidado de la red de intereses que une a estos partidos, buscan la mejor manera de acusarse sin hacerse daño. Precavidas, las dirigencias miran al futuro que desean y subrayan que nadie saldrá dañado, que es lo mejor para los dos, que aumentará el número de votos, que se consolidará el proyecto de cada uno de los organismos, apenas y se sueltan uno que otro arañazo, mientras el Verde, como la hermanita chaperona que siempre ha sido, se ahoga en gritos de “pélenme, pélenme”.
Por mi parte, te devuelvo tu promesa de adorarme, ni siquiera sientas pena por dejarme, que ese pacto no es con Dios
La devolución de la promesa de ir juntos, el divorcio amistoso asumido por las dirigencias, agarra a los actores de abajo con las manos en la puerta, fuera de bases, y comienza el desfile de declaradores que no sabe hacia dónde tirar, a quién manifestar su incondicionalidad, ahí está la penosa declaración del gobernador de Aguascalientes, que transparenta a qué interés sirve. Primero señala que cuando le impusieron la alianza, él “encantado de sacrificar algún espacio” de las candidaturas (lejos está de ese candidato en campaña que llegaba a las reuniones a prometer chamba para todos sus seguidores, pues si tendríamos todas las plazas de gobierno, cómo no se va a poder, aseguraba); enseguida se lamenta poquito y arguye que le hubiera gustado “que se diera de mejor manera el resultado final”, porque sabe que tendrá que negociar con los maestros, que sin el apoyo de los líderes magisteriales en las elecciones el PRI se las verá negras; pero disciplinado como es, se rinde sin dignidad alguna al mandamás, asumiendo que no tiene no voz ni voto y que aunque pudiera decir algo no lo dirá: “Al final, yo lo único que le planteé al señor candidato (Enrique Peña Nieto) fue que las decisiones que él quisiera tomar en Aguascalientes, yo las aceptaría absolutamente, no haría ningún comentario, ninguna opinión…”
Triste la servil declaración de Carlos Lozano, triste además, no sólo porque muestra la estatura política de quien ocupa la titularidad del ejecutivo estatal, además no está solo, lo sigue la borregada que hoy se pelea por obtener una candidatura. Mayor tristeza porque quienes deberían ser opción electoral, ante la ruptura, ya buscan cómo atraerse beneficios del rompimiento. Apenas ayer uno de los aspirantes panistas, Ernesto Cordero, ya convocaba a su partido a tender lazos de comunicación con “la maestra Gordillo y son su partido”, así, todos los males que se le achacan al liderazgo de Elba Esther en el discurso, se hacen a un lado en el afán de volverse competitivos; y los que falta que se sumen.
Apenas en noviembre se formalizó el acuerdo Compromiso por México, hoy, desanudado, quedan en el suelo los elogios con que se describieron, ahí están para que el PAN y la izquierda los levanten ahora que hagan migas con Elba Esther, de hecho, son tan efectivos que sirven para varios propósitos, como juntar a Manuel Bartlett a la coalición del Movimiento Progresista, por poner un ejemplo; o justificar el retraso que todos los partidos tienen en la tarea de formar cuadros y allegarse la simpatía de los ciudadanos para participar activamente en la estructura de sus organizaciones, por lo que cada elección vemos la misma gata pero revolcada.

Publicado en La Jornada Aguascalientes (23/01/12)

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