16 enero 2012

Perdón por intolerarlos
Sospecha

Dos textos recientemente publicados en La Jornada Aguascalientes dan cuenta de actos vergonzosos, uno por el reportero Carlos A. López (Por alusiones personales, 14/01/2012)  y otro por Jorge Terrones (Correo ilustrado,  13/01/2012). El primero describe la hostilidad de la ignorancia ejercida por un personaje común en el periodismo de Aguascalientes: un reportero que no es tal y vive de la pregunta servil; el segundo la exhibición de un plagio, burdo, sin sentido, cometido por alguien que no tiene nada que decir.
Aparte de lamentar los hechos que se describen, que a estas alturas del partido sigamos padeciendo reporteros que no son reporteros, iletrados ocupadores del espacio público, se agradece la denuncia porque es a través de esos señalamientos que un medio cumple con su función social, al informar orienta y permite formar un criterio. Si a pesar del paso del tiempo siguen en los medios el tipo de personajes que describen Carlos y Jorge, es porque no se les ha exhibido suficientemente. Ahora estamos advertidos, cada quien hará lo que le corresponde.
Lo que no me deja de llamar la atención es la recepción de ambos textos, en los dos casos, tras lamentar los hechos, la reacción posterior ha sido preguntar acerca de los motivos ocultos tras la denuncia. Con quienes he comentado los textos pareciera que no les basta con el simple hecho de informar sobre el asunto, buscan una explicación más allá de lo evidente, casi siempre, motivos personales. Esta recepción refleja uno de los aspectos más mediocres de nuestra democracia, el “sospechosismo”. Nada es gratuito, todo tiene que estar ligado a un motivo ulterior, uno que justifique la denuncia, en el peor de los casos, uno que atribuya la queja a un impulso personal. Como si la crítica tuviera que estar atada al cumplimiento de una venganza.
Esta concepción de la crítica es la que refleja la mediocridad de nuestra participación en la mesa de conversación, ya que además de cuestionar la validez de un señalamiento, al considerar que todo responde a una intención oculta, es demeritar la voz de quien se atreve a señalar, el proceso se revierte, quien señala se convierte en acusado, se examinan elementos ajenos y se contamina la posibilidad de diálogo. En el peor de los casos, se deja a un lado el hecho que provocó el señalamiento y se otorga una importancia a asuntos irrelevantes.
Al menos así ha ocurrido en algunos comentarios escuchados acerca de los textos mencionados. Incluso se ha minimizado la importancia de los hechos, se le resta importancia a la caracterización precisa que realizó Carlos A. López del periodismos servil justificando que siempre ha sido, que ya se sabe. Acerca del plagio evidenciado por Jorge Terrones, se le menosprecia manifestando que no es para tanto, que es una simple colaboración en un periódico y que, además, otros colaboradores de La Jornada Aguascalientes han sido expuestos como plagiarios y no hay consecuencias.
¿No tiene importancia, son asuntos menores? No me lo parece. La denuncia del reportero explica la red de complicidad que permite a los gobernantes vivir el espejismo de una realidad perfecta en la que su labor atiendo con precisión las demandas ciudadanas, permite entender las razones por las que todos los días los medios ensalzan la imagen del gobernador y la alcaldesa, explica las razones de la impunidad, los siervos del poder no suelen cuestionar a los gobernantes, así, cómo se puede exigir la rendición de cuentas.
Acerca del plagio, Terrones ha sido incisivo y acertado, lo que pudiera agregar para describir ese acto de corrupción poco agregaría, así que en necesario llevarlo a otro nivel, hacia las consecuencias de un sistema que permite que el tuerto sea rey y, sobre todo, la falta de respeto constante al lector, la calidad de la conversación que se quiere establecer con el otro, por eso en este caso no basta la promesa mentecata de no volverlo a hacer, la disculpa a bote pronto es casi siempre una manera de eximirse de la responsabilidad.
Para no ser engañados, para ser tratados como adultos en la conversación necesaria para encontrar las soluciones a los problemas que como sociedad tenemos, resulta indispensable aceptar la crítica y revisar qué es lo que la motiva, qué está señalando, cuáles las fallas que indica para poder subsanarlas, de seguir pensando que todo es resultado de un complot, de la mala fe, producto de venganzas personales, se está destinado a un diálogo de sordos, donde todos somos víctimas. Eso y el silencio no pueden ser nuestras opciones.

Publicado en La Jornada Aguascalientes (16/01/2012).

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