Sospecha
Dos textos
recientemente publicados en La Jornada Aguascalientes dan cuenta de actos
vergonzosos, uno por el reportero Carlos A. López (Por alusiones personales,
14/01/2012) y otro
por Jorge Terrones (Correo ilustrado,
13/01/2012). El primero describe la hostilidad de
la ignorancia ejercida por un personaje común en el periodismo de
Aguascalientes: un reportero que no es tal y vive de la pregunta servil; el segundo
la exhibición de un plagio, burdo, sin sentido, cometido por alguien que no
tiene nada que decir.
Aparte de
lamentar los hechos que se describen, que a estas alturas del partido sigamos
padeciendo reporteros que no son reporteros, iletrados ocupadores del espacio
público, se agradece la denuncia porque es a través de esos señalamientos que
un medio cumple con su función social, al informar orienta y permite formar un
criterio. Si a pesar del paso del tiempo siguen en los medios el tipo de
personajes que describen Carlos y Jorge, es porque no se les ha exhibido
suficientemente. Ahora estamos advertidos, cada quien hará lo que le
corresponde.
Lo que no me
deja de llamar la atención es la recepción de ambos textos, en los dos casos,
tras lamentar los hechos, la reacción posterior ha sido preguntar acerca de los
motivos ocultos tras la denuncia. Con quienes he comentado los textos pareciera
que no les basta con el simple hecho de informar sobre el asunto, buscan una
explicación más allá de lo evidente, casi siempre, motivos personales. Esta
recepción refleja uno de los aspectos más mediocres de nuestra democracia, el
“sospechosismo”. Nada es gratuito, todo tiene que estar ligado a un motivo
ulterior, uno que justifique la denuncia, en el peor de los casos, uno que
atribuya la queja a un impulso personal. Como si la crítica tuviera que estar
atada al cumplimiento de una venganza.
Esta concepción
de la crítica es la que refleja la mediocridad de nuestra participación en la
mesa de conversación, ya que además de cuestionar la validez de un
señalamiento, al considerar que todo responde a una intención oculta, es
demeritar la voz de quien se atreve a señalar, el proceso se revierte, quien
señala se convierte en acusado, se examinan elementos ajenos y se contamina la
posibilidad de diálogo. En el peor de los casos, se deja a un lado el hecho que
provocó el señalamiento y se otorga una importancia a asuntos irrelevantes.
Al menos así ha
ocurrido en algunos comentarios escuchados acerca de los textos mencionados.
Incluso se ha minimizado la importancia de los hechos, se le resta importancia
a la caracterización precisa que realizó Carlos A. López del periodismos servil
justificando que siempre ha sido, que ya se sabe. Acerca del plagio evidenciado
por Jorge Terrones, se le menosprecia manifestando que no es para tanto, que es
una simple colaboración en un periódico y que, además, otros colaboradores de
La Jornada Aguascalientes han sido expuestos como plagiarios y no hay
consecuencias.
¿No tiene
importancia, son asuntos menores? No me lo parece. La denuncia del reportero explica
la red de complicidad que permite a los gobernantes vivir el espejismo de una
realidad perfecta en la que su labor atiendo con precisión las demandas
ciudadanas, permite entender las razones por las que todos los días los medios
ensalzan la imagen del gobernador y la alcaldesa, explica las razones de la
impunidad, los siervos del poder no suelen cuestionar a los gobernantes, así,
cómo se puede exigir la rendición de cuentas.
Acerca del
plagio, Terrones ha sido incisivo y acertado, lo que pudiera agregar para
describir ese acto de corrupción poco agregaría, así que en necesario llevarlo
a otro nivel, hacia las consecuencias de un sistema que permite que el tuerto
sea rey y, sobre todo, la falta de respeto constante al lector, la calidad de
la conversación que se quiere establecer con el otro, por eso en este caso no
basta la promesa mentecata de no volverlo a hacer, la disculpa a bote pronto es
casi siempre una manera de eximirse de la responsabilidad.
Para no ser
engañados, para ser tratados como adultos en la conversación necesaria para
encontrar las soluciones a los problemas que como sociedad tenemos, resulta
indispensable aceptar la crítica y revisar qué es lo que la motiva, qué está
señalando, cuáles las fallas que indica para poder subsanarlas, de seguir
pensando que todo es resultado de un complot, de la mala fe, producto de
venganzas personales, se está destinado a un diálogo de sordos, donde todos
somos víctimas. Eso y el silencio no pueden ser nuestras opciones.
Publicado en La
Jornada Aguascalientes (16/01/2012).

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