20 febrero 2012

Conversación con Marcos Giralt Torrente

En La Jornada Aguascalientes dominical, una conversación de Javier Moro con Marcos Giralt Torrente, autor de El final del amor.

El cine y la publicidad han contribuido a crear una visión estereotipada del amor
Javier Moro Hernández


El libro de cuentos El final del Amor del escritor español Marcos Giralt Torrente, se hizo acreedor del II Premio Internacional de Narrativa Breve y representa además el regreso del escritor español nacido en Madrid en 1968, al género que lo dio a conocer, después de haber ganado el Premio Herralde de Novela 1999 con París y de ganar también el Premio Nacional de Narrativa de España por su libro Tiempo de vida, libro de ensayos autobiográficos, en donde nos narra la relación que sostuvo con su padre, el pintor Juan Giralt, quién había fallecido poco tiempo antes víctima del cáncer.
El final del Amor representa un reinicio en la carrera del escritor. Un reinicio que Giralt Torrente hace además buceando en las profundidades del amor, tema universal y problemático como pocos. Pero Giralt Torrente lo hace buscando, indagando en las profundidades, en las fronteras del tema. Cuatro cuentos comprenden este libro editado por la editorial española Páginas de Espuma, especializada en el cuento, pero que en esta ocasión cuenta con la co- edición de Colofón, lo que permitirá que el libro tengo un valor más accesible para el mercado mexicano.
Tuvimos la oportunidad de platicar con el autor sobre este libro y esto fue lo que nos contó:
Javier Moro Hernández: En El final del amor, obviamente, el tema central es el amor (y sus diferentes formas y manifestaciones), pero quería ahondar un poco en la forma en la que nacieron estos cuentos que conforman el libro, las ideas que los hicieron nacer.
Margos Girat Torrente: El libro no obedece a un plan muy predeterminado, ni siquiera el tema del amor era una premisa de partida. Creo que El final del amor es el libro más espontáneo de cuantos he escrito. Por lo menos en su arranque. Tras la escritura de mi libro anterior, Tiempo de vida, una memoria autobiográfica sobre mi relación con mi padre, en la que lo desnudaba a él y me desnudaba yo, quedé tan extenuado por la exposición de mi intimidad, que necesité correr a esconderme tras la máscara de la ficción. Fue una verdadera necesidad, un automatismo, podríamos decir. Un día me vi escribiendo el primer cuento de la colección y a ese le siguió otro. Hasta que no llevaba escritos los dos primeros no me planteé que lo que tenía entre manos podía convertirse en un libro. Cuando me di cuenta, para completar el volumen, me propuse escribir dos cuentos que compartieran ciertos rasgos con esos dos primeros.  Ahí surgió lo de seguir explorando el amor, que estaba presente en ambos, así como la extensión más bien larga, la voz en primera persona y demás.
JMH: Muchas veces creemos que el amor es unívoco, que no hay diferencias, sin embargo tus cuentos, tu libro, me hizo pensar en que esto no es así. Hay amores que matan, hay amores tramposos, inocentes, etc. Muchas formas. ¿Con qué idea del amor comulga Marcos Giralt como autor?
MGT: Efectivamente, hay pocas cosas univocas. Y creo que no es posible hablar de “amor” sino de amores. El discurso amoroso, la visión del amor que se tiene en la contemporaneidad, esta totalmente contaminada. Y lo ha estado en todas las épocas. Ha un libro precioso, El amor en occidente de Denis de Rougemont que demuestra cómo la idea del amor es una construcción. En esa construcción influye la literatura de cada tiempo pero también la ideología, la religión y por supuesto, la política. Sobre el amor intentan legislar religiosos, políticos y moralistas, porque el amor ha sido históricamente una fuerza subversiva capaz, por ejemplo, de deshacer alianzas políticas. Pero esa construcción nunca ha sido tan rampante como ahora. El cine y la publicidad han contribuido a crear una visión estereotipada del amor, centrada casi exclusivamente en el cortejo y en el sexo, que es profundamente reductora y simplista y que es causante de muchas frustraciones entre quienes no creen estar a la altura de esa visión de esa visión del amor que se no vende como única. 
JMH: Uno de los textos que más me llamo la atención es Cautivos, me gusta la posibilidad que abre el narrador de entrar (aunque sea de manera lejana) en una larga historia (que no podríamos llamar exactamente de amor) entre dos personas. El narrador sirve aquí de  intérprete hacia los lectores de la historia, por un lado, y de testigo, del otro. ¿Cómo fue la construcción de este cuento?
MGT: No estoy de acuerdo en que no sea una historia de amor. Los protagonistas de mi cuento se quieren, se quieren tanto que no pueden vivir el uno sin el otro. Ahora bien, su amor es distinto, no cabe duda, del estereotipo. Para empezar no se desean. Pero me pregunto: ¿es que siempre tiene que haber deseo en el amor? Siempre me han gustado los narradores observadores, aquellos que no son directamente protagonistas del drama que cuentan pero lo conocen de primera mano. Dan pie a muy sugestivos juegos de puntos de vista, de interpretaciones… Su posición es literariamente muy fértil, pues entre otras cosas permiten crear la ilusión de que su conocimiento de las claves de lo que están contando crece en paralelo al del mismo lector.
En cuanto a la génesis, todos los cuentos del libro están relacionados más o menos explícitamente con algún escritor, a veces con varios, de mi preferencia. Y Cautivos no es una excepción. En este caso el homenaje se lo hago a Willa Chater, que tiene una nouvelle, Mi enemigo mortal, en la que mi cuento está inspirado.
JMH: Por otro lado, el cuento de Joanna, me parece un cuento enternecedor con un final que deja frío a los lectores. En este cuento me parece que nos encontramos como lectores en ese borde de la realidad en donde lo que podemos observar de la otra persona es solo un sesgo, una mínima parte. Me hace pensar en lo mucho que las personas podemos esconder a los demás. Claro, en este cuento nos encontramos con una historia que a la protagonista, a Joanna, no le hubiera gustado que se conociera.
MGT: Todos los cuentos del volumen los fui creando conforme los escribía. Todos salvo Joanna. Si en los otros tres, el proceso de escritura consistió en descubrir el final partiendo del arranque, en el caso de Joanna fue el inverso. Tenía ya el final cuando arranqué a escribir y de lo que se trató fue de descubrir el camino que me llevase hasta él. Quizá por esto nunca me he sentido muy seguro de él, ya que lo encuentro demasiado dependiente de ese final que opera, además, de modo sorpresivo. Lo curioso es que es el cuento que más gusta.
Dos son las ideas que hay detrás. Una, la de que a menudo hay familias que son un lastre para sus miembros más jóvenes, que en lugar de cumplir con ese papel protector que se supone que es su finalidad, parecen hacer lo contrario; y dos, que nunca sabemos los mimbres con el que el otro está hecho, que siempre hay historias que permanecen ocultas y que nos explican.
JMH: Tus cuentos me dan la sensación de estar viendo a través de un velo, un velo ligero si quieres, como una lluvia ligera, que no nos permite ver todo de los personajes. ¿Cómo trabajar este efecto?
MGT: Los cuentos de El final del amor tienen una extensión media de 30 folios manuscritos. Son, pues, relatos largos. Casi están al límite, podríamos decir, ya que, si fueran un poco más largos, ya no serían relatos sino nouvelles. Y un cuento largo tiene unas características bien definidas, distintas, por ejemplo, de las del cuento breve. Un cuento breve está siempre más pegado a la estructura, ya que confía su efecto al correcto funcionamiento de la trama. En un cuento largo, esto no es tan evidente. La trama tiene que estar bien resuelta, claro, pero no es necesario que esté en un primer plano. Se puede jugar con otros elementos, con los personajes, con la atmósfera. Cuando escribí el libro, quise jugar al máximo con ellos, dar a los personajes una profundidad casi novelística y que el paisaje, la atmósfera, cobrara la entidad de un personaje más. Quería, también, que la trama progresara no sólo verticalmente sino también horizontalmente, por acumulación de elementos. En cuanto a esa lluvia ligera que impide ver del todo a los personajes, proviene del punto de vista del narrador, que, como observador, está  a la vez dentro y fuera de la historia. Hay cosas que sabe con certeza, pero sobre otras no puede más que ofrecer conjeturas. 
JMH: Por último Marcos, sé que con este libro regresaste al genero cuentístico y quería preguntarte ¿Qué diferencia notas entre El final del amor y tus anteriores libros de cuento?
MGT: Mis cuentos anteriores eran más breves y eran, por tanto, más dependientes de la trama. Funcionaban como un mecanismo en el que todo se subordina a la correcta ejecución de su función estructural. El final del amor me ha permitido olvidar en muchos momentos la trama, me he sentido más libre escribiendo los cuentos que contiene, he podido experimentar y escribir a tientas, guiado tan sólo por mi instinto.

Publicado en La Jornada Aguascalientes (19/02/2012)

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