Perdón por
intolerarlos
Disciplina y chantaje
Hace unos días el Comité Ejecutivo Nacional del Partido
Acción Nacional (PAN) incluyó en la lista de candidatos a un escaño en la Cámara
de Diputados al alcalde de Monterrey, Fernando Larrázabal Bretón. De inmediato,
el presidente municipal de esa ciudad declaró que tenía confianza en su partido
porque había hecho un ejercicio incluyente y había tomado en cuenta a todos los
liderazgos de Nuevo León, lo que permitiría “unidad en el partido y ser
competitivos y ganar las elecciones en el 2012”.
Hasta aquí, nada fuera de lo común, otro político que salta
de un puesto a otro con tal de mantenerse vivo del presupuesto, que no le tiene
respeto alguno a la decisión de los electores y con tal de mantenerse dentro de
la escena política es capaz de dejar el cargo para el que fue electo con tal de
asegurar tiempo extra a su carrera política. Como ya es costumbre el
chapulinismo, pareciera que no hay nada de qué asombrarse, allá él y su partido
(con el que está tan agradecido y al que tanto debe), que sean los electores
quienes decidan si ese aspirante merece otro cargo público.
El detalle está en que Fernando Larrázabal Bretón es el
mismo personaje involucrado en el escándalo de corrupción que reveló el incendio
del Casino Royale. Su hermano, de profesión quesero, era el encargado de cobrar
las extorsiones para permitir a los casinos su funcionamiento mientras la
autoridad se hacía de la vista gorda. Como nada se le ha probado, está en su
derecho de aspirar a lo que sea, lo que habría que preguntarse es qué sucedió
dentro del PAN para que diera un giro de 180 grados la percepción que sobre
este personaje se tenía. El mismo CEN panista que hoy lo propone como
candidato, apenas en septiembre del año pasado exigía su renuncia “A fin de que
su administración se someta a una investigación para establecer hasta qué punto
funcionarios de su gobierno colaboran con el crimen organizado, sustentado en
el evidente apoyo que policías estatales brindaron a los criminales que
cometieron el incendio de las instalaciones del Casino Royale, según
averiguación realizada por la PGR y que también está soportada en videos que
fueron difundidos por los medios de comunicación”. En menos de seis meses, el
político afiliado al PAN desde 1999 logró cambiar la percepción que de él se
tenía dentro del partido, ¿cómo?, ¿qué sabe el PAN que el resto no conozca?,
valdría la pena la aclaración, ¿qué hizo bien Larrázabal para encabezar la
propuesta única de candidatos del presidente del CEN panista (apoyada por 25
votos y 9 en contra)?
Como es seguro que no habrá respuesta, que para los partidos
ante la proximidad de julio queda ya muy lejos el 2011, sólo vale apostar a que
el nombre del juego es disciplina y chantaje, facultad y actitud necesarias
para emprender una carrera política ante el cierre de filas de una clase
política cada vez más compacta, donde apenas se escarba un poco y surgen
parentescos o bien vínculos poco honorables entre un político y otro.
La designación de Larrázabal como candidato es sólo un
ejemplo de la forma en que los partidos, sus intereses, han logrado corromper
el sistema democrático del país, ya que la participación ciudadana queda
relegada al discurso y en la práctica sólo se premia a un pequeño conjunto de
amigos o familiares.
Indico que es sólo un ejemplo porque basta ver los nombres
de los candidatos que integran las listas de todos los partidos para descubrir
que, prácticamente, son los mismos nombres de siempre, por las razones que
sean. Aguascalientes no es una excepción PAN, PANAL y PRI dan muestra de que el
mecanismo para elegir candidatos está cerrado para los líderes sociales o
ciudadanos interesados.
La lista de suspirantes en Aguascalientes, de todos los
partidos, está integrada por perdedores que buscan la revancha o por cartuchos
quemados que aseguran obediencia al gobernante en turno. Las proclamas de una
patria ordenada, de un nuevo partido o el machacón anuncio de que ahí viene el
progreso no se reflejan en los nombres de los candidatos. Un simple repaso de
la lista, reitero, muestra la falta de concordancia entre la promesa y quienes
la va a ejecutar.
Con el afán de mejorar la calidad de la democracia habría
que preguntar primera a los suspirantes ¿para qué quieren ocupar un cargo?, si
a su respuesta de cajón que siempre menciona un interés superior y el
sacrificio por la patria se le quita la paja, poco queda, más que intereses de
grupo. Si se analiza el perfil de los candidatos se verá que tanto el PAN como
el PRI no buscaron entre los mejores hombres y mujeres para integrar sus
listas, simplemente colocaron peones o bien responden a un chantaje.
El caso de la “izquierda” en Aguascalientes, si es posible,
es todavía peor. Ante la necesidad de generar un movimiento político capaz de
agrupar a las fuerzas sociales de esa ideología y que las represente, lo que se
tiene es un grupo de partiditos incapaces de generar una propuesta atractiva y
organizada, con la mirada en la capital sólo esperan las instrucciones para
designar al menos peor, al más gritón o al sacrificado que asuma las
consecuencias de una campaña perdedora. Ni a cual irle.
Publicado en La Jornada Aguascalientes (27/02/12)

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