Perdón por intolerarlos
Plagio
Es ingenuo pensar que detrás de
la exhibición de Sealtiel Alatriste como plagiario y la campaña para que
revoquen el Premio Villaurrutia no hay grupos literarios interesados en
“hacerse” de ese coto de poder, de la oportunidad de entregar un premio de
escritores para escritores y usarlo a su favor. Es ingenuo también creer que
detrás de las acusaciones no hay una intención malévola de dañar a una
institución como la Universidad Nacional Autónoma de México, también de
apropiarse de una franja de autoridad desde donde se puede ejercer cierta
influencia. Bueno, pues me declaro ingenuo.
Mi ingenuidad no alcanza para
descubrir una confabulación entre quienes han demostrado la calidad de
plagiario de Alatriste. Soy incapaz de imaginar el intercambio de correos
electrónicos en que uno le diga a otro: ¿ya viste que el autor al que cachaste
plagiando hace años le dieron un premio?, hay que darle con todo para que le
quiten el Villaurrutia y de paso le pegamos a la UNAM. Tampoco me imagino a uno
de los conspiradores enjugándose las manos y riendo malévolamente mientras
piensa: Ya me vi, esta es la oportunidad que durante años he estado esperando
para derrumbar el sistema literario mexicano y, de paso, darle un arrimón a la
rectoría de José Narro.
El lector descuidado, el lector
mal intencionado, se quedará con las líneas anteriores en el recuerdo para
desestimar mi opinión: bah, él qué sabe, si no quiere ver la gran conspiración
que hay detrás de todo esto, cómo con tan poca cosa se puede formar una
avalancha de mierda que todo lo inunde.
Me declaro ingenuo porque lo que
me interesa es dimensionar el plagio, el engaño al lector, la falta de respeto
que se comete al plagiar, acto al que en general se le concede poca importancia.
A las acusaciones de plagio se responde con un “no es para tanto”, se minimiza
la falta a decir que todo se “limita a no haber entrecomillado o citado la
fuente”, como se defendió Alatriste, quien además señaló en entrevista con
Carmen Aristegui que “los méritos que pudieran tener mis libros no tiene nada
que ver con lo que se me imputa”, para enseguida contradecirse y agregar: “lo
que se me imputa tiene que ver con mi carácter de escritor”. ¿En qué quedamos
entonces?
En esa tristísima entrevista, un
derrotado Sealtiel Alatriste daba patadas de ahogado para justificar que sí
había copiado pero no plagiado, e intentaba llevar a otro lado las acusaciones
para justificarse. Es más sencillo salir en defensa de la UNAM ante un ataque y
convocar al orgullo puma ante los masiosares
que argumentar contra quienes lo descubrieron con las manos en la masa. Carmen
Aristegui intentó centrar la entrevista a lo que pasa con un escritor cuando es
acusado de plagio. Transcribo la pregunta que quedó sin respuesta:
“¿Qué pasa con el nombre de un
escritor?, ¿qué pasa con la presencia pública de un escritor cuando se exhibe
lo que se está exhibiendo? Es buena parte del tema, porque tú dices: renuncio
al premio porque se me está acusando de algo que me afecta como escritor, no
por los libros por los que me gané le premio, porque esos no están sujetos a la
crítica porque nadie dice que me plagié nada de esos libros, pero afecta tu
papel, tu nombre, tu identidad como escritor, y entonces ahí vienen los
críticos que dicen: ¿Cómo se le da un premio a alguien que desde el punto de
vista de tus críticos engaña a los lectores?”.
Al minimizar las acusaciones de
plagio, la intención es tan obvia que apena, lo que se pretende es distraer la
atención, sacudirse la acusación, para victimizarse y no responder por el
delito cometido. La pregunta, creo, sigue en el aire, ¿cómo se premia a alguien
que engaña?, ¿esos son sus merecimientos?
Y no es poca cosa, porque tras la
renuncia de Alatriste a la Coordinación de Difusión de la UNAM y al Premio
Villaurrutia, lo que debiera seguir es transparentar los mecanismos por los que
se entregan esos reconocimientos que se hacen con dinero público, como bien lo
ha señalado Armando González Torres en su artículo Desacralizar los Premios (http://tiny.cc/9026c): “simplemente hay
que introducir un poco de transparencia y sentido común en la deliberación de
los premios institucionales. Prácticas como, entre otras, transparentar la
relación laboral o familiar de jurados y candidatos; solicitar requisitos mínimos
de trayectoria a un ganador y subir a internet la lista completa de obras que
fungieron como candidatas y la versión estenográfica de la deliberación
brindarían elementos de juicio al público y ayudarían a limitar la impunidad”.
Que quienes no son ingenuos se
queden con las conspiraciones del mundo mundial. Ingenuo que soy, me gustaría
ver procedimientos transparentes, el uso de la tecnología para que la discusión
literaria sea eso, una discusión literaria.
Coda local.
En las páginas de La Jornada Aguascalientes
varios han sido los casos de plagio expuestos. Cuando han sido denunciados,
arropándose en que es un asunto menor, las respuestas de los plagiarios han
sido una falta de respeto al lector. En el caso de Nora Ruvalcaba, suspirante a
candidata de las “izquierdas”, le bastó prometer que no se volvería a plagiar
ni a ella misma, lo cual no ha cumplido. Isidoro Armendáriz, candidato priísta
a senador, ni siquiera se tomó la molestia de contestar. Ana Leticia Romo,
largó una parrafada en la que se victimizaba para defender su derecho al plagio
confundiendo la magnesia y la gimnasia.
Siguiendo el derrotero del caso
Sealtiel Alatriste, bien se podría pedir al Instituto Cultural de
Aguascalientes que haga pública el acta de la deliberación que le mereció a Ana
Leticia Romo la beca de “Creadora con trayectoria”, porque es un apoyo (con
dinero público) que se entrega en reconocimiento a las “publicaciones” de la
hoy becaria, que se transparente el procedimiento por el que fue designada para
que no nos salga con la batea de babas de que es una exageración porque se
“quedó corta” con las comillas y cree que al “decir enciclopedia” es obvio que
se entiende “on line y lo que esto
conlleva, es decir una libertad de
tránsito de la vida digital” (La
cita corresponde a la mentecata y llorona defensa de Romo, nótese lo mal
intencionado del argumento, resulta que la culpa es de lector, de esas argucias
plañideras está lleno ese texto. Lamentablemente, La Jornada Aguascalientes la
sigue publicando).
En el caso de los políticos, se
suman a la larga lista de plagiarios, junto con Florentino Reyes Berlié,
Carolina Rincón Silva, entre tantos más a los que se igualan por sus malas
mañas, con el agravante de que al ser candidatos a un puesto público, el plagio
afecta su credibilidad, ¿cómo votar por alguien que no tiene el menor respeto
por sus interlocutores?
Quizá la motivación al actuar de estos
políticos está en la certeza de la impunidad, a que no hay consecuencias, tal y
como sucedió con Marco Antonio Gallardo Cabrera, quien como secretario
particular de Rafael Urzúa Macías cuando era rector de la UAA, asumió la
responsabilidad del plagio, renunció a su puesto y ahora despacha en la
Secretaría Particular de la Presidencia Municipal de Aguascalientes. Es decir, el
chiste está en minimizar el delito (porque eso es un plagio) y esperar a que el
tiempo pase para que ese asunto menor se olvide.
Publicado en La Jornada
Aguascalientes (20/02/12)

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