20 febrero 2012

Plagio


Perdón por intolerarlos
Plagio

Es ingenuo pensar que detrás de la exhibición de Sealtiel Alatriste como plagiario y la campaña para que revoquen el Premio Villaurrutia no hay grupos literarios interesados en “hacerse” de ese coto de poder, de la oportunidad de entregar un premio de escritores para escritores y usarlo a su favor. Es ingenuo también creer que detrás de las acusaciones no hay una intención malévola de dañar a una institución como la Universidad Nacional Autónoma de México, también de apropiarse de una franja de autoridad desde donde se puede ejercer cierta influencia. Bueno, pues me declaro ingenuo.
Mi ingenuidad no alcanza para descubrir una confabulación entre quienes han demostrado la calidad de plagiario de Alatriste. Soy incapaz de imaginar el intercambio de correos electrónicos en que uno le diga a otro: ¿ya viste que el autor al que cachaste plagiando hace años le dieron un premio?, hay que darle con todo para que le quiten el Villaurrutia y de paso le pegamos a la UNAM. Tampoco me imagino a uno de los conspiradores enjugándose las manos y riendo malévolamente mientras piensa: Ya me vi, esta es la oportunidad que durante años he estado esperando para derrumbar el sistema literario mexicano y, de paso, darle un arrimón a la rectoría de José Narro.
El lector descuidado, el lector mal intencionado, se quedará con las líneas anteriores en el recuerdo para desestimar mi opinión: bah, él qué sabe, si no quiere ver la gran conspiración que hay detrás de todo esto, cómo con tan poca cosa se puede formar una avalancha de mierda que todo lo inunde.
Me declaro ingenuo porque lo que me interesa es dimensionar el plagio, el engaño al lector, la falta de respeto que se comete al plagiar, acto al que en general se le concede poca importancia. A las acusaciones de plagio se responde con un “no es para tanto”, se minimiza la falta a decir que todo se “limita a no haber entrecomillado o citado la fuente”, como se defendió Alatriste, quien además señaló en entrevista con Carmen Aristegui que “los méritos que pudieran tener mis libros no tiene nada que ver con lo que se me imputa”, para enseguida contradecirse y agregar: “lo que se me imputa tiene que ver con mi carácter de escritor”. ¿En qué quedamos entonces?
En esa tristísima entrevista, un derrotado Sealtiel Alatriste daba patadas de ahogado para justificar que sí había copiado pero no plagiado, e intentaba llevar a otro lado las acusaciones para justificarse. Es más sencillo salir en defensa de la UNAM ante un ataque y convocar al orgullo puma ante los masiosares que argumentar contra quienes lo descubrieron con las manos en la masa. Carmen Aristegui intentó centrar la entrevista a lo que pasa con un escritor cuando es acusado de plagio. Transcribo la pregunta que quedó sin respuesta:
“¿Qué pasa con el nombre de un escritor?, ¿qué pasa con la presencia pública de un escritor cuando se exhibe lo que se está exhibiendo? Es buena parte del tema, porque tú dices: renuncio al premio porque se me está acusando de algo que me afecta como escritor, no por los libros por los que me gané le premio, porque esos no están sujetos a la crítica porque nadie dice que me plagié nada de esos libros, pero afecta tu papel, tu nombre, tu identidad como escritor, y entonces ahí vienen los críticos que dicen: ¿Cómo se le da un premio a alguien que desde el punto de vista de tus críticos engaña a los lectores?”.
Al minimizar las acusaciones de plagio, la intención es tan obvia que apena, lo que se pretende es distraer la atención, sacudirse la acusación, para victimizarse y no responder por el delito cometido. La pregunta, creo, sigue en el aire, ¿cómo se premia a alguien que engaña?, ¿esos son sus merecimientos?
Y no es poca cosa, porque tras la renuncia de Alatriste a la Coordinación de Difusión de la UNAM y al Premio Villaurrutia, lo que debiera seguir es transparentar los mecanismos por los que se entregan esos reconocimientos que se hacen con dinero público, como bien lo ha señalado Armando González Torres en su artículo Desacralizar los Premios (http://tiny.cc/9026c): “simplemente hay que introducir un poco de transparencia y sentido común en la deliberación de los premios institucionales. Prácticas como, entre otras, transparentar la relación laboral o familiar de jurados y candidatos; solicitar requisitos mínimos de trayectoria a un ganador y subir a internet la lista completa de obras que fungieron como candidatas y la versión estenográfica de la deliberación brindarían elementos de juicio al público y ayudarían a limitar la impunidad”.
Que quienes no son ingenuos se queden con las conspiraciones del mundo mundial. Ingenuo que soy, me gustaría ver procedimientos transparentes, el uso de la tecnología para que la discusión literaria sea eso, una discusión literaria.

Coda local.
En las páginas de La Jornada Aguascalientes varios han sido los casos de plagio expuestos. Cuando han sido denunciados, arropándose en que es un asunto menor, las respuestas de los plagiarios han sido una falta de respeto al lector. En el caso de Nora Ruvalcaba, suspirante a candidata de las “izquierdas”, le bastó prometer que no se volvería a plagiar ni a ella misma, lo cual no ha cumplido. Isidoro Armendáriz, candidato priísta a senador, ni siquiera se tomó la molestia de contestar. Ana Leticia Romo, largó una parrafada en la que se victimizaba para defender su derecho al plagio confundiendo la magnesia y la gimnasia.
Siguiendo el derrotero del caso Sealtiel Alatriste, bien se podría pedir al Instituto Cultural de Aguascalientes que haga pública el acta de la deliberación que le mereció a Ana Leticia Romo la beca de “Creadora con trayectoria”, porque es un apoyo (con dinero público) que se entrega en reconocimiento a las “publicaciones” de la hoy becaria, que se transparente el procedimiento por el que fue designada para que no nos salga con la batea de babas de que es una exageración porque se “quedó corta” con las comillas y cree que al “decir enciclopedia” es obvio que se entiende “on line y lo que esto conlleva, es decir una libertad de tránsito de la vida digital (La cita corresponde a la mentecata y llorona defensa de Romo, nótese lo mal intencionado del argumento, resulta que la culpa es de lector, de esas argucias plañideras está lleno ese texto. Lamentablemente, La Jornada Aguascalientes la sigue publicando).
En el caso de los políticos, se suman a la larga lista de plagiarios, junto con Florentino Reyes Berlié, Carolina Rincón Silva, entre tantos más a los que se igualan por sus malas mañas, con el agravante de que al ser candidatos a un puesto público, el plagio afecta su credibilidad, ¿cómo votar por alguien que no tiene el menor respeto por sus interlocutores?
Quizá la motivación al actuar de estos políticos está en la certeza de la impunidad, a que no hay consecuencias, tal y como sucedió con Marco Antonio Gallardo Cabrera, quien como secretario particular de Rafael Urzúa Macías cuando era rector de la UAA, asumió la responsabilidad del plagio, renunció a su puesto y ahora despacha en la Secretaría Particular de la Presidencia Municipal de Aguascalientes. Es decir, el chiste está en minimizar el delito (porque eso es un plagio) y esperar a que el tiempo pase para que ese asunto menor se olvide.

Publicado en La Jornada Aguascalientes (20/02/12)

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