Arrojar piedras
La gastritis de Platón
reúne las cartas que Antonio Tabucchi le escribió a Adriano Sofri y en las que
realiza una reflexión acerca del papel del intelectual; esas cartas surgen a
partir de la polémica que el autor de Sostiene
Pereira mantuvo con Umberto Eco, quien en su columna del semanario
L'Espresso (“La Bustina di Minerva”) postuló dos tesis para los intelectuales.
Escribió
Eco: “El primer deber de los intelectuales: permanecer callados cuando no
sirven para nada”, más adelante en el texto indicaba que la utilidad de los intelectuales
para la sociedad sólo podía ser apreciada a largo plazo y que en lo inmediato
sólo sirven para ser profesionales de la palabra, llevar a cabo una
investigación, ser coordinadores de prensa de una empresa o un partido
político, pero que carecen de una función específica. La segunda afirmación de
Eco indicaba que cuando se quemaba una casa, lo único sensato que pueden hacer
los intelectuales es llamar a los bomberos.
Tabucchi
respondió en la revista Micromega, no
tanto para restituir el valor de los intelectuales en la sociedad
contemporánea, sino como para agregar “un ejemplar de la especie intelectual
que curiosamente Eco descuidaba en su texto: el escritor y/o poeta –indica
Antonio Tabucchi en la justificación de La
gastritis de Platón–. El ‘olvido’ de Eco me pareció digno de reflexión, no
tanto a causa de Eco, que también es escritor, cuanto por el hecho de que
atrajera mi atención hacia la clase de ‘papel’ que el escritor y el poeta han
podido desempeñar”.
La
columna de Umberto Eco fue publicada el 24 de abril de 1997, y hacía referencia
a la captura de unos jóvenes que se divertían arrojando piedras desde lo alto
de un puente hacia la autopista, sólo por el placer de provocar accidentes. La
reacción de Tabucchi, supongo, fue producto de su compromiso ideológico y en
atención a lo que como artista creía. La mención de esta polémica, en mi caso,
responde al reciente fallecimiento del autor de Sostiene Pereira, La cabeza
perdida de Damasceno Monteiro y Pequeños
equívocos sin importancia, una especie de cumplido mínimo a un autor que
siempre despierta mi asombro.
Aunado
al pequeño homenaje de la memoria, la mención de Tabucchi vino al caso porque
pensaba dedicar esta entrega a una respuesta por adelantado a un reproche
futuro que recibiré, me explico, sé que en los próximos días, un amigo recibirá
la llamada enfadada de una activista para reclamarle que permita que en este
periódico se me otorgue espacio para verter mis críticas hacia la “izquierda”,
no es que sea vidente, es que esa guerrera de puño en alto ya lo ha hecho otras
veces, toma el teléfono y se queja amargamente de que en La Jornada
Aguascalientes se permita tal falta de solidaridad con el movimiento
“progresista”. Como tengo en alta estima a mi amigo, cuando recibo su comentario,
asiento respetuosamente. Como no tengo ningún respeto por la actitud medrosa de
la representante del radical chic
aguascalentense, me río a solas de sus lamentaciones, no sólo porque me parecen
lastimeras sus quejicas, sino porque no tiene el valor de hacer público el
reclamo, como suelen hacer los aprendices de político al hacer caso al priista
interno, busca un intermediario para ejercer su influencia en vez de establecer
una confrontación de ideas; la intriga como medio de presión, qué le vamos a
hacer.
Recordé
también la polémica de Eco/Tabucchi porque parte de un comentario de la
realidad más a la mano, un caso judicial, la discusión pasó a los medios, se
transformó en material de libro, a más de una década es posible visitar las
páginas escritas por cada uno y abrevar. En el caso de Tabucchi, la vuelta a La gastritis de Platón me ha permitido
releer su devoción por Pasolini, la descripción que de la mano de María
Zambrano hace de la posible mixtura del conocimiento intelectual y el
conocimiento artístico: “pueden combinarse en una mezcla fecunda en la que
ambos ingredientes se necesitan y donde cada uno de ellos, por sí mismo, puede
resultar menos eficaz. Si se entiende de esta manera la figura del intelectual,
entonces su función cognoscitiva (aunque no sea más que un ‘conocimiento de
perturbación’) puede tener una enorme trascendencia”.
Después
de tantos años de la discusión, en mi caso todavía no sé si en verdad los
intelectuales sirven para nada y sí sólo son capaces de llamar a los bomberos.
No es lo que me importa, lo que me incumbe es la posibilidad del diálogo, cómo
de la “nada” se puede generar una conversación que trascienda del mero
intercambio de ideas a la “realidad”, es decir, si lo única acción posible es
llamar a los bomberos, el intercambio es esa llamada, reitero, la intriga como
método lo único que logra es distraer de lo que se puede hacer para quejarse de
lo que no se hizo.
La
“realidad” está aquí, escoja en el tema, el que quiera, desde lo local, la
invasión cada martes por un grupo de activistas en ruedas, la cooptación de los
organismos de la sociedad civil por el gobierno municipal, las cantinfleadas
como procedimiento de camuflaje a un gobierno sin ideas por parte del
gobernador, la imposición de la rancia clase política como candidatos del PRI,
la ausencia de representantes populares en las candidaturas del PAN, el engaño
con que se otorgan cotos de poder a cualquier bajo el nombre de “movimiento
progresista”, el ataque de las autoridades y los fanáticos religiosos a quienes
se opusieron a la visita de Joseph Ratzinger, la estridencia mediática que sólo
da cuenta de la ausencia de ideas de los indignados, el vergonzoso papel de los
medios en su complicidad con el gobierno, las primeras planas de la prensa de
nota roja que exhibe su miseria un día sí y otro también… Todo eso y más,
ocurre aquí, en lo local. Sólo el diálogo, la confrontación de ideas (si es
posible pública, mejor) permitirán que tenga un sentido “llamar a los
bomberos”.
De
otra manera, escondidos en la intriga, acomodados en la molicie del cargo
público, pretextando que se haga lo que se haga nunca pasa nada, estamos
condenados a estar del otro lado, ser quienes por puro placer arrojan piedras.
Publicado
en La Jornada Aguascalientes, marzo 26, 2012
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