Escribir de terror es
conectar con las paranoias y los miedos de muchos lectores
La Octava plaga, nueva novela de Bernardo Esquinca
Quise hacer una novela
que tuviera una trama vertiginosa, de intriga y que tuviera homenajes
literarios
Javier Moro Hernández
Bernardo Esquinca
(Guadalajara, 1972) recientemente publicó su tercera novela La Octava plaga (Ediciones B), en la que
el género policiaco se entremezcla con la fantasía y el horror para contar una
historia sobre la venganza de los insectos. Sobre esto platicamos.
Javier Moro Hernández: Para
empezar Bernardo quería preguntarte ¿Qué diferencias sientes entre La octava plaga y tus novelas
anteriores?
Bernardo Esquinca: Yo
creo que Belleza roja y Los escritores invisibles, que fueron
mis dos novelas anteriores, no resultan tan fáciles ubicarla en un género, pues
en ellas hay una mezcla de realidad y fantasía, pero no están muy claros los
géneros, y en La Octava plaga sí hay
una mezcla de literatura policiaca y literatura fantástica, que creo resulta muy
clara. La octava plaga es una novela
que podría definir como una novela de género, pues me propuse hacer una novela
totalmente policiaca y de pronto tirar hacia lo fantástico, no me interesaba,
de hecho nunca me ha interesado hacer cosas realistas. Hay una frase de Enrique
Vila-Matas, que dice “No me gustan los escritores que copian la realidad para
empobrecerla”. Siempre me ha interesado hacer esta mezcla del mundo real, entre
comillas, y estas grietas, estas fisuras por las que se cuelan los otros mundos
que están en éste, como diría Paul Eluard. En su estructura La Octava plaga es una novela más
compleja de lo que fueron mis novelas anteriores. Es una novela que al
principio empieza fragmentariamente, como con unos cuentos, tiene una
introducción, que pueden confundir al lector, que después en el camino van a
encontrar su razón de ser, por lo que creo que sin ser una elaboración muy
compleja, porque tampoco creo en eso,
pero que sí marca una diferencia a esta novela de las otras es que tiene una
narrativa más basta, más compleja.
JMH: ¿Cómo fue el
génesis, la idea original de la cual partió La
Octava plaga?
BE: Creo recordar que
todo partió de un día que estaba curioseando en la red, buscando noticias y me
tope con una que decía que habían encontrado un insecto inclasificable en el
Museo de Historia Natural de Londres. Me llamo mucho la atención que en un
mundo en donde existen millones de insectos lo hayan encontrado en los jardines
del propio museo. Por otro lado creo que mi propia adicción, por llamarla de
alguna manera, a la nota roja, y lo que veo que este género periodístico puede
ofrecer como reflejo de cierta parte de la sociedad y sobre todo de las
pulsiones humanas, me parece que es muy revelador. Eso también fue alimentando
ciertas ideas, por otro lado esta el hecho de que fui periodista muchos años,
trabajé en periódicos y tenía la idea de este personaje que trabajaba en la
sección de cultura, como yo mismo lo hice muchos años, y que en algún momento
lo corren, porque como suele pasar cuando hay un recorte en un periódico lo
primero que sacrifican son las páginas de cultura. Son cosas que se me iban
juntando con los años y uno piensa que puede ser una posible historia, y me
gustaba la posibilidad de este personaje que le gustaba pensar que estaba en la
élite, entre comillas, porque pertenecía al periodismo cultural y de pronto se
veía defenestrado, por así decirlo, y pasaba a las páginas de la nota roja,
algo que a él lo hace sentirse degradado, pero al entrar a este submundo de la
nota roja se topaba con una historia policiaca en el que el mundo como lo
conocemos está en riesgo. Todo esto eran cosas aisladas, pero fueron dándose y
poco a poco se fue armando la idea. También mi amigo JM Servín me llevo a ver
un día a Metinides, el decano fotógrafo de la nota roja en México y también el
poder conocerlo, platicar con él, ver todo su entorno y platicar con él, dejo
una honda impresión en mí. Son varias cosas. Alguien escribió hace poco que
esta novela recoge en un solo corpus todas mis obsesiones. No fue premeditado,
pero se fueron dando de manera natural.
JMH: El asunto de los
insectos, que sé te obsesionan, pero quería saber sí te desagradan, te dan
miedo o te fascinan.
BE: Es un binomio,
creo, atracción-repulsión, que en general me interesa mucho explorar y que
además en la vida cotidiana me llama mucho la atención como todo el tiempo
estamos sometidos a estos binomios atracción-repulsión y sobre todo con el
morbo, que sí entra mucho en mi campo de obsesiones, la nota roja por ejemplo,
el crimen, los asesinos, etcétera, y siempre me han causado los insectos
repulsión, miedo, pero también fascinación y siempre que estoy viendo la tele y
aparece un documental de insectos no puedo dejar de verlo. Pero es que además
creo que escribir de terror, entre muchos otros sentidos, tiene eso, que es
conectar con las paranoias y los miedos de muchos lectores, porque sé que a
mucha gente le pasa algo así con los insectos. Y creo que el miedo a los
insectos es algo evidente, son los grandes desconocidos para nosotros, están
aquí desde hace mucho tiempo, antes que nosotros, seguirán estando aquí, están
mucho mejor adaptados, son muchos más y en algunas ocasiones son espeluznantes
de feos. El miedo a los insectos es algo muy cotidiano.
JMH: Acerca de los
géneros literarios, como bien dices, La
Octava plaga ya es una novela en donde se marcan, se diferencian muy bien
el género policiaco y de terror, que es creo yo el género que más te interesa
trabajar a ti.
BE: En general siempre
se me ha catalogado como un escritor de lo anómalo, lo cual me gusta, porque
como comentábamos siempre me ha gustado la parte anómala, la parte mórbida de
la vida, las pulsiones oscuras que yo estoy convencido que tienen mucho que
decirnos acerca de porque nos comportamos como nos comportamos. Pero obviamente
hay muchas maneras de narrar lo anómalo y mi acercamiento ha sido desde lo
fantástico, del terror y también desde lo policiaco, que son géneros que me
parecen muy propicios para tratar todo esto que comentamos. Antes, sin
meditarlo, me ocurría una división, pues en las novelas era un poco más
“realista”, aunque obviamente la realidad siempre se quebraba y en los cuentos
me soltaba, pero ahora como ocurre muy claramente en La Octava plaga, ya hay una fusión o en realidad hay un abrazo muy
claro de mi parte hacia lo fantástico, aunque parto de una realidad aparente,
pero después da el giro hacia algo claramente fantástico. Además debo decir que
me gusta, me siento cómodo con los subgéneros y además creo que hay que
defenderlos, porque ciertamente el mainstream,
no solo en México, sino a nivel mundial han tendido a menospreciar los géneros.
Algo que es injusto.
JMH: Justo mi siguiente
pregunta iba dirigida en ese sentido, pues uno puede ver que escritores como
Alberto Chimal, BEF, Edgar Omar Avilés, por mencionar sólo unos cuantos
nombres, cada vez ocupan más espacio en las reseñas, en las notas, del espacio
del mainstream literario, ¿cómo notas
la salud de los subgéneros en México?
BE: Va ganando sus
espacios pero el camino ha sido largo, me atrevería a decirlo, tal vez esté
equivocado, pero se me ocurre que desde El
Complot Mongol de Rafael Bernal, empieza la novela policiaca moderna en
México y ha sido ya un largo camino, en el que obviamente le da un gran impulso
Taibo II y muchos otros, ahora Elmer Mendoza, entre otros, pero ha sido un
camino largo, es decir estamos hablando de más de cuarenta años, en el que el
género ha tenido que convencer primero a los editores y decirle que hay un
público interesado, de pronto hay premios, algunos que continúan y algunos que
mueren. Ha ido ganando espacios, lectores, pero no está del todo consolidado,
creo que todavía hay camino que recorrer, sobre todo en cuánto a la crítica,
porque sigue existiendo el prurito; pero lo que sí veo es que los lectores
están muy interesados en seguir leyendo, los editores los están publicando y
eso es lo que importa. Cada vez surgen más autores que están apostando por los
subgéneros: la ciencia ficción, el terror, lo fantástico, aunque quizá menos
con el terror, eso sí habría que decirlo y sobre todo cada vez más en el género
policiaco, aunque esto no es privativo de México, por ejemplo ahí está Henning
Mankell, John Conolly, pero en el género de terror hay muy pocos.
JMH: ¿De donde surge
Casasola y quería saber sí tu compartes la visión crítica que tiene Casasola del
mundo literario?
BE: Casasola es un
homenaje a Víctor y Agustín Casasola, hermanos que a principios del siglo XX
fundaron la primera agencia fotográfica de Latinoamérica y que además, entre su
acervo, que ahora es importantísimo, hay mucha fotografía de nota roja de la
época, algunas de ellas fantásticas. Como tal sí es un alter-ego mío, yo
trabaje en periódicos, fui también defenestrado de la sección de cultura,
aunque yo acabe en deportes y Casasola surge un poco de ahí, de la experiencia
personal, pero creo que siempre mis protagonistas lo que hacen es enfrentarse a
algo que desconocen. Parte del misterio de la trama es como ellos enfrentan una
situación que desconocen, porque para empezar yo como escritor la desconozco,
aunque puedo informarme, entonces ese mismo azoro que sintió Casasola al pesar
de una sección de cultura a una de nota roja y empezar a meterse en ese mundo,
es el mismo azoro que yo sentí en un momento dado, entonces es un azoro que
compartimos él y yo. Yo sí me comprometo y meto las manos en el fuego por mis
personajes, de hecho el protagonista de Belleza
Roja que es mi primer novela se apellida Esquinca, por que había un
compromiso de suscribir las cosas. Y sí es una crítica que aparece ahí y cuyos
antecedentes esta en Los escritores
invisibles, que es una crítica mucho más amplia, porque el protagonista es
un escritor, pero no deja de haber aquí una conjunción de mis obsesiones, como
lo platicamos, entonces sí de refilón hay una crítica al mundo de los
escritores.
JMH: ¿Cómo te
preparaste para escribir esta novela?
BE: Leí muchos libros
sobre insectos, pero parte de la preparación fue llevar un diario de nota roja,
todos los días compraba periódicos de nota roja, recortaba notas que me
llamarán la atención y al lado hacía un reflexión. Esto me fue sumergiendo en
la temperatura y en la densidad de la nota roja, y de ahí lleve muchas
reflexiones que después lleve a la novela. Creo que fue un ejercicio muy útil
para la novel
JMH: Entre tus
obsesiones se encuentra también la imagen, la fotografía.
BE: Pues más que la
fotografía, el cine, pues aunque la fotografía me gusta, no soy un tipo muy
clavado en ella. Sí soy muy visual, pero sobre todo por el cine. Hay muchos
homenajes en La Octava plaga, algo
que me propuse como un reto entre una novela muy fluida, pulp, pero que a la vez tuviera un sustento cultural y el tono me
lo dio Rubem Fonseca, que es un escritor que admiro mucho y del que justamente
estaba leyendo Bufo y Spalanzzani,
mientras escribía La Octava plaga. Y
bueno en la novela de Fonseca hay muchas reflexiones literarias, porque el
protagonista es un escritor y lo que quise hacer fue implementar este sistema
“fonsequiano” de que fuera una novela que tuviera una trama vertiginosa, de
intriga y que tuviera estos homenajes literarios, que son como guiños hacia el
lector, sobre como se van construyendo las señas de identidad de un narrador y
entre esos homenajes pues estaba el de el mismo Fonseca, hay un homenaje a
Sábato, Stephen King, JG Ballard, Polanski, Hitchcok, por mencionarte varios
que me acuerdo, aunque de manera de menciones rápidas, pues Casasola esta
reflexionando todo el tiempo.
Publicado en La Jornada Aguascalientes dominical (18/03), aquí el enlace al sitio.


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