Envoltorio de papaya
Provincia
Infierno
Hay un infierno en la tierra, en el ahora, aquí. No está en el más allá,
ni forma parte de un futuro, se llama provincia, y Aguascalientes sigue
viviendo como eso, un pueblo chico, de doble moral, de gusto dudoso y con un
enorme complejo de inferioridad que hace brotar lo peor de cada uno, sobre todo
cuando se enfrenta a los fuereños, es decir, en el trato que se tiene con
cualquiera que forme parte de esa tierra ignota que está después del límite estatal;
peor todavía si ese extranjero es de la capital.
Como no nací en Aguascalientes, parecerá obvio que considere al pueblo
chico como un infierno grande, de hecho, externar esta opinión me dispone justo
en el cajoncito del que los oriundos del estado disponen para descalificar
cualquier juicio que contraríe la imagen edénica con que suspiran por su patria
chica. En mi innecesaria defensa, apunto que considerarlo un infierno, al menos
esta ocasión, no es resultado del trato con los aguascalentenses de cepa, de
hecho, surge de exponerme a la visión que desde fuera se tiene de quienes
vivimos aquí.
I read the news today… oh boy
Una obviedad: como nunca, el mundo es cada vez más pequeño porque está
al alcance de un clic (del control remoto, del mouse), en un tris es
posible enterarse de lo que ocurre en el extremo más lejano del planeta, es
posible experimentar otras lenguas, otras costumbres, visitar museos, leer
obras, apreciar espectáculos… aprehender; mejor aún, aprender de las
costumbres, hábitos y gustos de los otros a través de darle seguimiento a su
diario acontecer. No hay pretexto ya para poder armar un escenario a partir de
la forma en que deciden votar en Uruguay o cuáles son las reglas de convivencia
en Londres, el uso que se le da al espacio público en Suiza o en Indonesia. No
hay pretexto tampoco, para no compartir la experiencia con entidades cercanas y
saber cómo nos puede afectar, cómo viven sus procesos electorales los otros
estados de la República Mexicana, por ejemplo.
Armar ese escenario implica el cotejo de la imagen con que nos
reflejamos, siempre que se analiza lo que el otro está haciendo, es casi
imposible no considerar, cómo ve ese otro la curiosidad con que lo observamos.
Realizando ese ejercicio es que volví a lamentar vivir en provincia.
Al margen: me queda claro que emplear provincia para designar una
entidad distinta a la capital del país es incorrecto, incluso despectivo; es a
propósito pues. Con toda la intención después de buscar cómo es visto
Aguascalientes en los medios de “circulación nacional”, en los noticieros de
radio y televisión que mantienen la presunción de que llegan a todo el país.
La experiencia fue decepcionante, por no decir dolorosa, Aguascalientes
no existe para esos medios “nacionales”, ni siquiera somos una anécdota con que
se rellena el espacio entre comercial y comercial o la cantidad mínima de
palabras que se emplean para no cobrarle la plana completa al anunciante. Es
posible leer 10 páginas seguidas sin encontrar ninguna referencia a la entidad,
pero aún, media hora de noticiero dedicada a un congestionamiento vial en
alguna calle de la Ciudad de México y de Aguascalientes nada. La televisión
sobre todo, puede dedicar su valiosísima señal a un “reportaje” acerca de un
señor que le gusta coleccionar basura y destinar sesudos análisis a si es una
enfermedad y darle un nombre pomposo (síndrome de Diógenes), pero no consagra
ni medio minuto a lo que nosotros, los que vivimos fuera de las 16 delegaciones
del DF nos importa.
Los medios, sí, en ese sentido, son una porquería.
Estado mental
¿Está en nosotros cambiarlo?, por supuesto, los medios nacionales
programan, diseñan su contenido a partir de la preferencias del público (entre
otras cosas), mejor todavía, las nuevas tecnologías otorgan al consumidor un
poder de decisión del que todavía no sacan provecho y los medios temen. ¿Para
qué dedicar tiempo a una “noticia” acerca de un embotellamiento en el Viaducto
Río Piedad?, qué caso tiene, si se puede buscar información de lo que ocurre a
unas cuadras a través de tu red, o buscar las implicaciones de una decisión de
las autoridades estatales o municipales mediante la consulta de los medios
“locales”.
Como no estamos conscientes de ese poder, lo desperdiciamos. Basta ver
el número de entradas a los chismes del espectáculo, el raiting de esa
cosa que se llama Laura o los temas que ocupan los primeros sitios en
los buscadores de la red o los terribles trending topics de Twitter.
Rectificación y coda
Corrijo pues, no es que Aguascalientes sea provincia, son los medios
“nacionales” los que le otorgan ese estatus. Deplorable, uno busca el reflejo
con que nos ven los otros y sólo encuentra una mirada empañada por los
prejuicios y la ignorancia.
Reitero, ¿tenemos la culpa los de provincia? Sí, en el fondo sí. La
provincia es un estado mental provocado por acción simultánea de morderse el
rebozo y sacar el pecho orgulloso por las peores tradiciones. ¿Con qué mirada
buscar un reflejo mejor si alardeamos ser la cantina más grande del mundo?,
¿quién nos tomará en serio si lo que presumimos es que somos el pequeño
gigante?, para eso, mejor quedarse callado.
Publicado en La Jornada Aguascalientes (20/04/13)

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