Envoltorio
de papaya
Dolores
Bandera
al sol
Es fin de
semana, mediodía, en un crucero alejado del perímetro ferial, dos jóvenes se
alistan para cumplir con la chambita que les permitirá llevarse 50 pesos a cada
una. La más jovencita, con paso decidido va a la mitad de la calle y extiende
una bandera casi tan grande como ella, ondea la enseña de un lado a otro,
animosa, mientras que su compañera camina por entre los carriles ofreciendo un
tríptico de papel, en algunos casos, impulsiva, desliza la propaganda por el
espacio de la ventanilla, no necesita que se los reciban, lo que desea es
deshacerse del mayor número de folletos en el menor tiempo posible, antes de
que el semáforo cambie a verde y su compañera tenga que regresar al camellón,
enrollando apresurada la bandera.
Extiendo la
mano para recibir el tríptico, pero no leo si me jura y perjura que
Aguascalientes ya volvió (no sabía que estaba perdido) o que mezclaron agua y
aceite sólo en mi beneficio o me proporciona una clase brevísima de zoología en
la que se me explica la diferencia entre gallos, ratas, mapaches y cerdos; sin
leerlo le guardo un espacio junto con los pañuelos desechables usados para, sin
mayor trámite, en cuanto pueda tirarlo a la basura. Ahí enfrente sigue la
muchacha ondeando la bandera, enjundiosa, con tanto vigor que es difícil ver
qué tiene impreso, sólo se percibe una ráfaga brillante; supongo que con eso
debe bastar, no es indispensable leer el mensaje, es suficiente con distinguir
los colores para asociarlo con el partido político que promueve esa actividad.
El semáforo
cambia de color, las muchachas buscan el camellón. Nosotros, seguimos
conduciendo como si nada, porque en realidad, nada ha ocurrido. Nada distingue
a esa pareja que promociona a un partido político a otros equipos que en días
distintos, con la misma estrategia y en el mismo lugar, promueven un
fraccionamiento, un centro comercial… similares también a los malabaristas que
en otras calles cambiaron la venta de cacahuates japoneses o baratijas por la
realización de acrobacias a cambio de unas monedas, es decir, lo que venden da
igual.
Me gustaría
pensar que, al menos, ellas dos tienen un trabajo, pero los 50 pesos que les
pagan por ondear la bandera y tirar papeles, el inclemente sol de mediodía y la
indiferencia con que recibimos sus empeños me impide considerar así ese
esfuerzo. En el siguiente crucero, levanto la vista, la mirada va de una barda
pintada con los logos de un partido (el que sea, da exactamente igual) hacia
las azoteas bajas de dos edificios, cada una coronada con espectaculares de
otros partidos. El efecto de esa propaganda es el mismo que me provocó el par
de muchachas metros atrás: nulo; rectifico, por ellas sentí un poco de pena.
Discriminación
Un estudio
coordinado por Ricardo Raphael de la Madrid [Reporte sobre la discriminación
en México 2012, elaborado por el Consejo Nacional para Prevenir la
Discriminación (Conapred) y el Centro de Investigación y Docencia Económicas
(CIDE)] en el capítulo 5 establece que en la actualidad, en México, el sector
de la población que sufre mayor discriminación laboral son los jóvenes, “Para
dimensionar este escenario basta precisar que la tasa de desempleo juvenil
duplica la correspondiente a la población adulta: mientras la de los adultos de
30 años o más es de 3.5 por ciento, en la población joven es de 8.7 por
ciento”.
El Reporte
está en la red y se puede consultar en la siguiente página: http://goo.gl/9N9vS,
el capítulo 7 del estudio está dedicado a los Derechos políticos, por supuesto,
tiene un apartado correspondiente a los jóvenes, con una tristísima nota que
cierra el apartado: “Si, como es de esperarse, se continúa privilegiando la
experiencia de los candidatos mayores como justificación a esta desproporción
representativa, es entonces necesario abrir los canales de expresión y
organización política a fin de que las y los jóvenes puedan intervenir más
activamente para beneficio de sus derechos políticos”.
Me resulta
inevitable ligar la escena de las jóvenes con el Reporte sobre la
discriminación en México no por la obviedad de tratar el tema juvenil y el
desempleo, en este caso informalidad, sino por el asunto de los derechos
políticos; más allá de lo que quieran vender los partidos, la única opción real
de participación que estas organizaciones están ofreciendo a los jóvenes es la
de ser borregos o la de “abanderados”. Como ejemplo basta echar un ojo al
promedio de edad de los candidatos de todos los partidos en Aguascalientes,
todos; como ejemplo basta también el servilismo abyecto con que los
precandidatos del “sector juvenil”, susurrando la Ley de Herodes, asumieron el
ungimiento de otros políticos, lo peor (si es posible) el vergonzoso silencio
con que aceptaron ser relegados para una mejor ocasión.
Existe un
desfase obvio entre lo que aspira un joven y la oferta de los partidos
políticos, un desapego por la realidad por parte de las organizaciones
políticas que impide considerar que algunas partes del mundo viven con
porcentajes de hasta 50 por ciento de desempleo juvenil, que en el país, el
promedio de edad es de 29 años; les basta con el gastadísimo discurso de
considerar que son el fututo.
A ellos
les duele México
En una de
esas propagandas sentimentaloides que corren en la red, una fotografía muestra
a un grupo de niños en la miseria, con hambre y sobre la imagen con tipografía
gruesa y con múltiples e inútiles signos de admiración acusa: “A ellos les
duele México”, en la parte de abajo, por supuesto, intenta estrujar el corazón
de lector y pregunta: ¿tú qué vas a hacer?
El problema,
me parece, es que se habla del país como si fuera un ente externo, como si no
fuéramos parte de eso que se considera la Patria (del Estado ni hablar), se
pide tener conmiseración por los pobrecitos niños que no tienen oportunidad,
pero sólo a partir de mostrar las consecuencias, no de evidenciar los
responsables. Por eso la clase política se refiere a sí misma en tercera
persona, la esquizofrenia como forma de lavarse las manos.
Sí, esa
fotografía de los niños muertos de hambre es dolorosa, igual de terrible es la
de los jóvenes sin oportunidad, las jóvenes asoleadas mientras desempeñan un
trabajito para el partido, los cientos de muchachos que preparados como nunca,
con posibilidades de estar mejor informados que en cualquier otra época repasan
el aviso oportuno en busca de una chamba que no sea atender un puesto; podría
multiplicar los ejemplos, me parece que queda claro qué es lo que estamos
haciendo al decirles a esos jóvenes que son el futuro, no es una promesa, es
una condena, es un: hoy no, ya les llegará su turno.
Mientras
tanto, en las azoteas, en las alturas pues, el rostro de los candidatos sonríe
con el mismo gesto de los animales cuando están acorralados.
@aldan
Publicado en La Jornada Aguascalientes (04/05/2013)

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