
Las lonas y anuncios con que se difundieron las actividades alrededor del Premio se cuidaron se indicar que se realizaba un “homenaje”, que se le otorgaba un “premio especial” al autor de Picos Pardos; con el tiempo, como sucedió con Elías Nandino en el 79, se omitirán estas aclaraciones, se integrará a los otros tantos autores que lo han obtenido y aparecerá su nombre sin necesidad de la aclaración, hoy todavía parece necesario subrayarlo por la “polémica” alrededor de la entrega de este Premio.
Todavía a principios de este año algunos poetas se rasgaban las vestiduras, pataleaban y amenazaban con la ira flamígera de las cartas dirigidas a la opinión pública… Llamaradas de petate, como las que ocurren cada vez que se entrega el Aguascalientes, por un momento, con la atención de los medios en el asunto, pareciera que puede ocurrir algo, que se puede debatir la pertinencia del reglamento de uno de los premios más importantes del país, discutir la pertinencia del mismo, revisar las reglas del juego, pero no ocurre nada, las diatribas y amenazas se disuelven en el olvido, hasta el próximo año en que unos se vuelvan a llamar a engaño, otros aprovechen para darle un coscorrón al jurado, aquellos lloren por las injusticias que unos cuantos perpetran y/o propongan soluciones para salvar algo que nunca ha necesitado de premios para ser: la poesía.
En la ceremonia de entrega, José Luis Rivas, ganador del Premio de Poesía Aguascalientes en 1986 por su libro La transparencia del deseo, representó al jurado que en esta edición decidió declarar desierto el Premio y recomendó un reconocimiento a Gerardo Deniz.
En el vestíbulo exterior del Teatro Morelos, le realicé esta breve entrevista:
¿Fue tan grave que declararan desierto el Premio de Poesía Aguascalientes?
Yo creo que como la producción vinícola en los grandes países productores, conocen cierto años cosechas malas, simplemente a ojo del jurado los que concurrieron en esta ocasión pues no reunían la calidad que nosotros creímos que era necesaria para merecer el premio, que 207 puedan ser representativos de la poesía mexicana actual, cabe la posibilidad, pero también puede ser que no lo sean, el número es amplio pero no quiere decir que estuvieran concursando los mejores libros, no aludo a los autores, aludo a la producción presentada ese año, a la cosecha.
¿A qué crees que se deba entonces la polémica, las cartas, los insultos?
Yo creo que esto forma parte de un proceso de descentralización, el hecho de que por primera vez el jurado se reuniera en Aguascalientes, que los integrantes fueran tres personas que si bien pertenecemos a la generación de los 50, como por ahí se ha hecho mención, creo que nuestra manera de componer sí es muy diferente y que asimismo, vivimos en lugares del interior de la República y que teníamos años sin vernos, lo cual hizo, creo un jurado, con puntos de vista muy diversos, pero que a la hora de evaluar los trabajos en juego, sentimos que no había a ojos nuestros un trabajo digno de recibir el Premio.
El que se hayan vuelto los ojos a un reconocimiento a un poeta extraordinario, genial, como es Gerardo Deniz, creo que será muy salutífero para el Premio, para los mismos concursantes, porque creo que una de las grandes cosas es saber acatar las reglas que están en juego cuando entras en una competencia, una de las cosas que puedo decirte es que yo publiqué en 1982 un libro que tuvo 17 reseñas cuando apareció, ese libro lo había enviado yo en tres ocasiones a diversos concursos, nunca obtuvo ningún premio, no hubo de mi parte ningún pataleo, las personas que me conocen saben que jamás haría un pataleo de esa naturaleza, creo que cuando entras a una competencia has leído antes las bases de la convocatoria y después no te llamas a robado, aunque te apellides Hurtado, ¿no? Entonces a mí si me parece sumamente mal que en vez de pedir, quizá, la reforma de las bases de la convocatoria o una cosa un poco más razonable se haya dado esta expresión de “¿por qué se lo dieron a ese señor y no a mí?”, eso es lamentable.
El Premio Aguascalientes fue entregado a Gerardo Deniz, no importa ya si “especial” o como “homenaje”, apostillas que el autor de Adrede hizo olvidar con un apabullante sentido del humor, rasgo que lo distingue. Como en pocas ocasiones, se tuvo la la oportunidad de escucharlo leer y acotar, a la manera en que lo hace en su libro Visitas guiadas, el primer texto que leyó Deniz fue Amados 1, el cual copio a continuación tal y como aparece en el libro mencionado, es decir, incluyendo el comentario, similar a su presentación en el Teatro Morelos:
Amados, 1
Lee los libros esenciales,
bebe leche de leonas; gusta el vino
de los fuertes: tu Platón y tu Plotino,
tu Pitágoras…
bebe leche de leonas; gusta el vino
de los fuertes: tu Platón y tu Plotino,
tu Pitágoras…
I
Entre los árboles del Bois de Boulogne avanza,
pestañea,
continúa.
Viene leyendo un librito.
En la derecha el biberón. Se detiene,
chupa con recato,
continúa.
-…
-…De leonas.
(Con la voz y la sonrisa que se hicieron legendarias.)
Se borra en la neblina,
murmura
8 x 3, 24; 8 x 4, 32; 8 x
Hoy lee a Pitágoras. Esencial

Lee “tu Pitágoras”, aconseja el pobre Amado Nervo en sus pomposos versos que pongo de epígrafe.
Qué bonito suena: leer a Platón, a Plotino, a Pitágoras… Por supuesto que Nervo no lo hacía. Pero qué tal presumía. En el caso de Pitágoras hay un amargo hecho que Nervo ignoraba y que revela de modo deslumbrante la vana papanatez de su grotesca recomendación: es imposible leer a Pitágoras, pues de Pitágoras no nos queda ni una palabra. Sólo alguna anécdotas tontas. Apenas la tabla de multiplicar, conocida por pura tradición como “tabla pitagórica”. A eso se reduce la vigorizante “leche de leona” que, según aquel infeliz poeta, nos legó Pitágoras y que él, Nervo, ingería a copiosos biberonazos… Si así de consistente era lo que intercambiaba con la Amada inmóvil, lo siento por ambos.
Lo dicho, el Premio de Poesía Aguascalientes es de Gerardo Deniz, merecidamente.
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