Envoltorio de papaya
Historia
El sentido de un final
¿De
qué está hecha nuestra historia?, ¿de lo que recordamos?, ¿de todo lo que
decidimos olvidar?, a veces ni siquiera está en nuestras manos (cabeza) esa
decisión, personal o colectiva siempre es engañosa, incierta… Sí, siempre es
memoria, pero toda memoria está hecha de palabras y la elección (consciente o
no) de las frases elegidas para contar esa historia la transforman.
De
esas preguntas está hecha la novela excepcional con que Julian Barnes obtuvo en
2011 el Premio Booker, en El sentido de
un final, Tony Webster hace un recuento de su experiencia, pone a prueba su
recuerdo acerca de cómo ocurrieron las cosas y a cada revisión, cada vez que se
cuestiona los diversos puntos de vista que ha adoptado a lo largo de su vida,
termina sorprendido por la fragilidad que tienen las certezas que impulsan a
tomar decisiones que determinan su destino.
En
las primeras páginas, el narrador propone a su maestro de historia una
definición: “la historia son las mentiras de los vencedores”, Old Joe Hunt, que
es como llaman al maestro de la materia, coincide y completa, sí “siempre que
recuerdes que es también los autoengaños de los derrotados”.
Aplausos fast-track
El
viernes 20 de diciembre, la reforma energética fue publicada en la edición
vespertina del Diario Oficial de la Federación, hoy entra en vigor; por la
mañana Enrique Peña Nieto con la promesa de presentar a la brevedad las “iniciativas
de reforma a las leyes secundarias que mantendrán el espíritu audaz y de
vanguardia” de esa reforma, en un acto protocolario promulgó la iniciativa que
permite la entrada de la inversión privada en la producción de petróleo y la
generación de energía eléctrica, que permitirá la realización de contratos con
particulares en la exploración y extracción del petróleo y otros hidrocarburos
que se encuentren en el subsuelo del territorio nacional.
De
pie, entusiasmados, los invitados a Palacio Nacional aplaudieron, con enjundia.
Como supusieron que se debe halagar la reforma más importante en los últimos
años de la historia nacional. Festejaron los invitados como si nada hubiera
ocurrido en las últimas semanas, como si no hubiera habido manifestaciones,
como si la tribuna del Congreso, las sedes del Senado y de la Cámara de Diputados
no hubieses sido tomadas por quienes estaban en desacuerdo, así, en fast-track.
Vamos a derrocarte
Por
la tarde de ayer, en una actividad que ya nada tenía que ver con la Reforma
Energética, durante la sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública, Daniel
Vázquez Aguilar se levantó de su asiento para gritarle a Peña Nieto: “¿Por qué
no nos pediste la opinión sobre la Reforma Energética?”.
Los
elementos del Estado Mayor Presidencial sometieron a Daniel Vázquez Aguilar y
lo sacaron del Salón Tesorería de Palacio Nacional (http://youtu.be/8liPt2dVokA).
“Vamos
a derrocarte” le grita el joven. Mientras lo empujan fuera del salón alcanza a
amenazar: “Yo voy a transformar este país, voy a ser presidente y vamos a
acabar con tu gobierno”.
Desaliento y esperanza
Si
tras la promulgación de la Reforma Energética no faltaron los miles que a
través de las redes sociales manifestaron su desaliento, tras la difusión de la
noticia del desalojo de Daniel Vázquez Aguilar no faltaron tampoco quienes con
enjundia manifiestan su esperanza porque hay jóvenes que si se atreven.
No
me deja de llamar la atención el tono que traslucen la mayoría de esos
mensajes. En el primer caso, se distingue un desaliento generalizado (“¿Por qué
no nos pediste la opinión sobre la Reforma Energética?”), más triste, leo una
larga lista de insultos a nosotros, todos nosotros que no hemos hecho nada,
contra quienes vamos a festejar las fiestas decembrinas… como siempre, la carga
de insultos, somos los borregos, los imbéciles que vamos a embriagarnos, los
que estamos dejando que al país se lo lleve la chingada.
El
segundo bloque de mensajes, cambia, son esperanzadores, por el tono están en el
otro extremo, gracias a la irrupción de Daniel Vázquez Aguilar (repito una y
otra vez el nombre para no olvidar darle seguimiento a qué le va a ocurrir a
este muchacho que consiguió colarse a los lugares asignados a los
representantes de los medios) hay esperanza, se ilumina el mundo… Claro que sí,
festejan también en fast-track, la
aparición de alguien que (transcribo) demuestra que “sí tiene huevos”, junto al
festín de mensajes que comparten la manifestación del joven, hay otra serie de
mensajes que se inventan noticias, como que le gritaron “puto” a Enrique Peña
Nieto durante la promulgación de la Reforma Energética… básicamente, todas
comparten con algarabía que hay alguien que sí se atreve, no como todos
nosotros, los que no hemos hecho absolutamente nada.
Todos ustedes perdieron
Clarísimo,
para la historia de esta reforma, se aplica la frase que emplean tras los
juegos de la selección nacional de futbol, si se gana: ganamos México, si se
pierde: perdieron los jugadores. Todos ustedes perdieron, alguien me echa en
cara desde el monitor de mi computadora. Todos ustedes perdieron, me escupen
desde la pantalla de mi teléfono celular. Todos ustedes…
Pareciera
que no hay más que dos caminos, el aplauso febril o el coraje del insulto. En
el primero, es fácil ubicar a todos los que hoy festejan la valentía de una
reforma de ese “calado”, a su legislador que se apresta a pagar para incluir en
la prensa elogios al valor del presidente, que buscan a los reporteros para
brindar sesudos discursos sobre cómo nos va a beneficiar esta iniciativa,
frases huecas que no hacen más que repetir los apuntes repartidos por la
Presidencia de la República, una especie de manual para usarse en caso de
cuestionamientos, con la misma profundidad que los mensajes con que hoy nos
atosigan, de una simplicidad apabullante: infórmese, te echan en cara, antes de
hablar, infórmese.
El
otro sendero es la de hacer arder el mundo, también simplificado, no nos resta
más que gritar “puto” o dejar de considerar que tras la pregunta acerca de por
qué no fuimos consultados, Daniel Vázquez Aguilar promete que será presidente y
derrocará a Peña Nieto. Igual que en el futbol, a gritar desde las gradas
“puuuuuuuuuuuuuuuuuto” cuando despeje el portero del equipo contrario. Sólo ese
desfogue, como si el mantra fuera capaz de desviar la trayectoria del balón y hacer
que por un milagro cayera en la portería.
¿Cómo
vamos a contar esta historia? No lo sé, en verdad no lo sé, al menos desde
donde participo en este partido, me queda claro que no quepo en ninguno de los
dos extremos y que por haber aceptado las reglas del juego, con todo y las
deficiencias de nuestra democracia, con todo y su falta de calidad, a quien
debo de cuestionar es a quienes teniendo acceso a la documentación, emplearon
la noche para aprobar, con prisa y sin discusión, sin la menor intención de diálogo,
lo que el presidente quiso.
Coda
Sobreviví. “Sobrevivió para
contarlo”, es lo que dice la gente, ¿no? La historia no son las mentiras de los
vencedores, como con mucha labia le aseguré una vez a Old Joe Hunt; ahora lo
sé. Son más los recuerdos de los supervivientes, muchos de los cuales no son
vencedores ni vencidos.
Julian
Barnes. El sentido de un final.
Y
somos más, muchos más los que no somos vencedores ni vencidos.
@aldan
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