02 abril 2007

Entrevista

Xavier Velasco, cauteloso engaño del sentido

La emoción de los asistentes a la presentación de Xavier Velasco no corresponde a la usual en este tipo de actividades, los jóvenes que llenan el auditorio parecieran estar más dispuestos a gozar del imposible concierto de reencuentro de los Dead Kennedys o bien corear el sencillo más reciente de los Artic Monkeys que a escuchar lo que el autor pudiera contarles sobre la versión recargada, de las 33 crónicas y un Encore en el Far West que incluye la nueva edición de Luna llena en las rocas.

“¿Va a firmar autógrafos?” pregunta un fan, porque eso es lo que son la mayoría de los jóvenes que esperan inquietos la aparición de Xavier y mientras repasan rápidamente las hojas de Diablo Guardián; inevitable preguntar qué es lo que les llama tanto la atención del texto ganador del Premio Alfaguara de Novela 2003, quien responde lo hace sin prisas pero contundente: “No sé si me gusta él, vine porque me gusta lo que me hizo Diablo Guardián, ¿qué?, pues me hizo ver por medio de las líneas que escribió, que se puede ser quien se quiere ser, porque cuando la lees te das el permiso de ser todo eso que no se dice en voz alta, en el tiempo que lees el libro puedo ser como Violetta una puta traicionera y ladrona”, con eso finiquita cualquier posibilidad de interrogatorio.

En el fondo del pasillo Xavier Velasco calibra el ánimo del público, olfatea el ambiente en busca del momento preciso para pegar la carrera hacia el centenar de miradas, hacia su público, sacude los hombros y allá va: pantalón y chamarra de piel, playera negra y tenis rojos, llamativos. Toma el micrófono y se acomoda en el borde de la mesa, dispuesto a entretener a su público, a entregarse. Se divierte y se le nota.

Premio Alfaguara, cuatro noches de risa

Desde siempre, todavía, fui un niño que la pasó muy mal en la escuela. Soy una persona muy torpe en muchos sentidos, socialmente soy muy torpe, torpe en el sentido que lo podría ser Jerry Lewis, pero no me importa, me divierte, me río, como Daniel el Travieso que avergonzaba a sus padres a donde quiera que lo sacaban, toda la vida, se me ocurre un chiste y no me lo puedo callar.

Una de las cosas que dijo Carlos Fuentes cuando la entrega del Alfaguara fue la que más me llegó, dijo: esta novela fue premiada por el jurado más libre del mundo, y claro, la había ganado un honorable desconocido. Yo quería tener un lugar en la editorial, pero no pensaba que era posible y tan lo pensaba que un día me llevé a una amiga a ver la presentación de El vuelo de la reina de Tomás Eloy Martínez, ahí en el Museo Tamayo y llegamos media hora antes, cosa muy rara, yo no llego ni cinco minutos antes, llego tarde a todos lados, nos fuimos a sentar hasta adelante, como niños aplicados, esta mujer a la cual yo quería apantallar, se me queda mirando raro y me dice: bueno, ya, revélame el misterio, qué estamos haciendo aquí. Yo le había dicho que era un scouting, le dije que era una investigación de campo, ¿por qué?, porque tengo que ver cómo es la logística para irme preparando cuando me lo gane.

Yo creo que para ser una locura tienen, primero, que tú pensar que es posible, si tú no piensas que es posible vale madre, ni lo intentes.

Cuando me dan el premio, cuando me lo anuncian, pasé como cuatro noches riéndome solo, cagado de risa, haciendo revista mental de toda la gente a la que había conocido y me había jodido, que había dicho “tú no sirves”, uno por uno los empecé a pensar y cada que los pensaba me empezaba a cagar de risa mirando al techo, me pasé varios días así. Entonces, cuando empecé a tener mis presentaciones no me cambió el humor, entre más me reía pues más se reía la gente, aparte de que cuando yo hablaba en público me gusta que se ría la gente, cuando se ríen te garantiza dos cosas: uno, no se van a salir y dos, van a llegar más.

Hijo de un extraño matrimonio
Velasco no está incluido en el Diccionario Biobibliográfico de Escritores de México del CONACULTA-INBA, las notas con que se presentó a este autor como ganador del Alfaguara lo calificaron de “escritor casi desconocido”, más de una reseña lo descalifica señalando que su irreverencia es “literatura de la onda” tardía. A él nada de eso parece importarle, tiene atrapado a su auditorio, canta rap en sus presentaciones y sabe de la fidelidad de sus lectores.


Soy hijo de un extraño matrimonio entre Vargas Llosa y Carlos Fuentes, yo me siento mucho más hijo del boom que de la onda… ¿Te digo una cosa?, detesto a William Burroughs, leí un libro y me divertí mucho, el segundo lo vomité; Bukowski es todo igual, lees uno y ya los leíste todos, no tengo nada más que leer. Detesto, detesto la sacralización de Burroughs, no a William Burroughs, de hecho Junkie fue un libro importante en mi vida, pero después leí El almuerzo desnudo y me di la aburrida de mi vida. Hay algo que todavía me preocupa más, que no es Burroughs, sino los Burrougsitos, los que creen que escribir es nomás algo así como te emborrachas, vomitas, ya tienes una página; va de nuevo, te guacareas, la corres, tienes otra página; ya la madree, ya la corrí, otra página.

Eso no es lo mío, aunque algunos digan que yo desciendo de la onda o me pongan junto a esos escritores, soy otro tipo de escritor, con otras cosas en la cabeza, mira, empecé a experimentar con ritmos, por ahí de 85, 86, en artículos que sacaba en Uno más Uno, y llegué a experimentar tanto que a veces esos artículos eran inteligibles, porque ya no me importaba que estaba diciendo, sino el cómo, era una orgía de formalismo, de hecho yo recuerdo, uno de los principios de la novela que después se convirtió en Diablo Guardián, el personaje se llamaba Begoña y empezaba diciendo: “Begoña pudo haber sido inventada el 24 de junio de 1982, pudo haber sido inventada”, un formalismo a lo Robbe-Grille, me decía: voy a contar una historia pero que quede claro que no existe y que no trata de nada, así seguí hasta que llegué a un punto muerto, ¿cómo que pudo haber sido inventada?, me di cuenta que no podía empezar con esa petulancia. No, quiero que se la crean, que se enamoren incluso, que se enamoraran de mi personaje como yo me enamoraba de la rusa.

La rusa a la que se refiere Velasco es contada al auditorio cuando le piden que explique el proceso mediante el cual creo Diablo Guardián y narra el encuentro, en un puesto de tacos a las tres de la mañana, con un ángel que le ofreció una manzana y “tres días imposibles transcurridos en medio de pasiones veloces y miedos trepidantes”, así como las claves para comenzar a escribir la novela.

Y a través de estar con ella y que me diera un beso de wasabe y que por teléfono le dijera su tarifa a los clientes y me siga dando besos, pero ahí encontré la justificación de la novela, yo quería hacer ese juego formal, cuando tuve la historia el juego formal salió solo, llevaba demasiado tiempo practicándolo, si tú lees Diablo Guardián en voz alta, ahí vas a ver los andamiajes, cuando lees en voz alta te das cuenta que el ritmo ahí está.

Hablar desde Violetta
Leí una buena cantidad de libros escritos por hombres en primera persona desde una voz femenina, en la literatura mexicana, desde La princesa del Palacio de Hierro pasando por una buena cantidad de cosas de García Ponce, De ánima me acuerdo que en su momento me movió mucho, las primeras páginas de Los postulados del buen golpista son maravillosas, he tratado de ir siguiendo esos libros donde más o menos, un libro que me movió mucho, recuerdo, fue Los nombres del aire de Alberto Ruy Sánchez, recuerdo que la contraportada de la edición de Mortiz decía: este libro es prosa de intensidades, yo dije, eso es lo que quiero hacer en la vida, no sabía ni por dónde, después me agarré el Cuarteto de Alejandría y dije: puta, esto quiero hacer, mierda, esto quiero hacer; pero no acababa de ver a mi personaje, era un mujer extremadamente rebelde pero yo no entendía por qué.

Esta rusa traía cargando un discman, era un discman patito y tenía foquitos de colores, en cada canción se iban prendiendo, y pensé: esta mujer salió de Rusia donde debe haber sido muy humilde, debe haber tenido muchos problemas de dinero, salió buscando la libertad, la libertad de occidente, la libertad de mercado, el mundo libreo etcétera, qué encontró del mundo libre: un discman de foquitos, para eso le alcanzó eso fue todo lo que consiguió, dije, esto quiero, una mujer rebelde que termine corriendo tras un discman de foquitos, tras puras baratijas, hasta el Corvette baratija. Cuando Violetta se queda sola, en la habitación que le dejó Eric, se queda sola y se queda ahí la Navidad con gripa, encerrada jugando videojuegos, pidió ser su Santa Claus, sus Reyes y todo, para mí era eso, era como ver a la rusa, la rusa no me contó nada.

La edad de Violetta corresponde a esa edad en que cada una de las canalladas que cometes parece un acto de justicia, cuando eres capaz de unas reflexiones tan crueles, hay una cosa que decía Oscar Wilde: los viejos todo lo olvidan; los de mediana edad, todo lo sospechan; los jóvenes, todo lo saben; Violetta todo lo sabe, por eso es tan rebelde, tan hija de puta.

Mezclar es bueno
Inevitable, también, preguntar que sigue después del éxito de Diablo Guardián, entusiasmado menciona que algo completamente distinto a esa novela.


A mí me encantaría hacer una novela de época, pero no puedo decir simplemente quiero hacer una novela de época, se te mete el gusanito y lo procesas durante años. No planteas el género antes de escribir, te planteas qué vas a hacer y ya luego ves lo que va saliendo, estoy haciendo una novela que tiene un pasado en los ochenta.

Hay una palabra que en Diablo Guardián que no sale nunca: Internet. Yo puedo hablar por horas de Internet, pero Violetta no tiene nada que ver con Internet. La novela termina en 1998, había Internet, pero éramos unos cuantos loquitos, no había cafés Internet, tenías que tener tu computadora y aparte estar interesado, a Violetta no me interesa.

Este que ves, el nuevo libro que voy a publicar, es un soneto que habla de los retratos, entonces, es un retrato de infancia, donde habla un niño en primera persona, ni Bukowski ni el punk me sirven en esta circunstancia, era un niño, no es un niño que oye a Pink Floyd, oía a Raphael y a Leo Dan y esas mierdas, era lo que la cocinera de mi casa se la pasaba oyendo y hablábamos a las estaciones para pedir canciones, una parte de mi educación sentimental es esa música, pero eso no significa que el resto de mi vida vaya a escuchar ese tipo de música, en eso que estoy contando, en Este que ves, es la narración en primera persona de un niño que está contando su vida, no viene al caso que ese niño hable como Violeta, es un niño que no dice groserías porque había prometido a Dios no decir groserías porque lo sacó de una bronca, era un niño mocho tenía mucho miedo de irme al infierno porque había robado y me la pasé sufriendo por años porque era yo ratero, entonces la voz de este niño no puede ser el punk, la música tiene que servir a la historia, si me doy en mi mero mole, si me sale algo como Diablo Guardián…

Me gusta llevar lejos el artificio, como en Diablo Guardián, ese es el oficio literario, la verdad tal como está no sirve para una chingada, de nada sirve que al principio del libro pongas: esta es una historia verdadera; no, precisamente el chiste es otro, este de los antros me da un gran placer porque, supongo que te ha pasado, tú vas a una fiesta y empiezan a contarte que hay un lugar con mujeres maravillosas, todas desnudas y otro dice no hay un antro donde en una bronca ya mero lo matan y… estás escuchando aventuras, hay un gran placer en contar aventuras, además hacerlo con inteligencia porque mientras todos los demás se están depravando, tú tienes que estar siendo testigo

Tienes un montón de verdades y vas a hacer un pastiche con ellas, yo entiendo que mi forma de hacer novela es tener unas montón de verdades con algunas cuantas invenciones, las únicas mentiras de la novela son la goma con la que pego todas las verdades, resistol, porque las necesitas, son un pretexto.

Mezclar es bueno, mi búsqueda personal me lleva a muchos escritores académicos, iba a la librería y me compraba un libro de Isaiah Berlin, de escritores rusos, comprar esos libros, leerlos forma parte de mi propio sentido de la trasgresión, igual con la música, mezclar Los Pixies y Glenn Gould, Paquita la del Barrio y Sarah Vaughan, Ella Fitzgerald, soy bossanovero, eso es la trasgresión, ¿cómo es que un punketo es bossanovero?, no lo sé cabrón, me gusta muchísimo, me gustan los Pixies, pero no besas a tu mujer oyendo a los Pixies, en una moto te lo creo, finalmente cuando escribes, se te ocurre una historia que pasa en un monasterio, pues tus punks se van al carajo, en el monasterio vas a tener que pensar en otro tipo de música.

Cinco años después Luna llena en las rocas
Cierro un ciclo: Luna llena en las rocas, Diablo Guardián y el hermanito frívolo y desmadroso que es el Materialismo histérico, el hermano más clavado y tortuoso que es Diablo Guardián y una combinación de los dos que es Luna llena en las rocas. Decía Oscar Wilde, un cínico es aquel que conoce el precio de todo y el valor de nada, ese es el Materialismo histérico.

Aunque Luna llena en las rocas es un libro que ya se había publicado en el 2000, para esta edición tuve que trabajar como si fuera un libro nuevo, de entrada había perdido el archivo, se me fastidió el disco duro de la máquina en la que escribí esas crónicas. La tuve que escanear entera, por segunda vez porque ya antes se me había fastidiado el archivo, y luego a corregir los errores de la escaneada, me puse a trabajar, la imprimí, sobre el papel a corregirla, yo escribo a mano.

Escribo con pluma fuente, tengo una parte renacentista de closet, pero no me gusta enseñarla. Un perfeccionista, pero no me gusta, son muy neuróticos, tú no quieres aguantar un perfeccionista, yo nada más tengo una parte perfeccionista y es la parte que tiene que ver con el lenguaje, fuera del lenguaje, me da igual, fuera de eso me lo tomo muy a la ligera, vivo lo más divertido que pueda, soy una gente que adora contar chistes, si en una fiesta me pongo a contar chistes puedo durar horas y no paro, me gusta ver así la vida, pero eso no significa que en el momento en que me sienta a escribir no haya una aspiración perfeccionista extremosa, realmente demencial.

Abraza a un fan
El público sigue pidiendo más, más anécdotas, más chistes, más historias que les recuerden lo que encontraron y fascinó en diablo guardián, son dos horas ya de presentación, xavier velasco invita a su público a seguir conversando durante la firma de libros, sale del auditorio e inmediatamente busca una silla para sentar a quienes les dedica un autógrafo, “no quiero estar en una mesa con la gente parada, no lo soporto, me siento como en un mostrador, que no haya distancia, no me gusta” dice y lo cumple, para cada uno de los que conformar la fila hay una palabra de afecto, una sonrisa, incluso a una de ellas la carga en brazos.


Me han preguntado, ¿no te molesta la fama?, pues más me molestaba cuando no me pelaba nadie y el hecho de que vengan y hagan esas colas, para mí que soy un cazador de autógrafos, pues tiene un valor increíble, ya lo verás en Éste que ves, ahí cuento la historia, la del típico escuincle que cuando veía la cámara saltaba para salir en la tele, para que en la escuele le dijeran que salió en la tele, me metía a las conferencias de prensa, me metía a todo. Tengo un alma plebeya. Como cazador de autógrafos y coleccionista de cosas inútiles, un fetichista natural, tiene un enorme valor que alguien llegue y me pida un autógrafo, yo le hice cola a Carlos Fuentes, a Octavio Paz, le hice cola a Vargas Llosa para que me firmaran sus libros.

Ahora estoy publicando en la misma editorial que ellos y me encuentro con ellos, con una enorme alegría, con una enorme admiración. No los veo como mitos, los veo como maestros, para mí hablar con ellos es como estar en clase, es estar escuchando y estar bebiéndome sus palabras, hasta la fecha, escritores que admiro yo me bebo sus palabras, hay escritores que admiro mucho, no voy tan lejos: David Toscana y Enrique Serna, tengo una gran admiración, me gusta mucho algunas de las cosas que ha hecho Elmer Mendoza, tiene una capacidad increíble, me acuerdo que cuando leí Un asesino solitario le dije: no te vayas a enojar, pero me pregunté, esta narración es tan buena que me pregunto si puede escribir de otra manera, tan naturalmente.

El espíritu de la escritura
Velasco cumple diligente con la sesión de autógrafos y todavía le sobre energía para recorrer las instalaciones del Museo Descubre en Aguascalientes, no deja de sonreir, quizá todavía recuerda las cuatro noches de risa continua, quizá el momento en que, durante la Feria del Libro de Guadalajara, Carlos Fuentes seleccionó a sus hijos literarios, conocidos como la generación del boomerang, y les pasó la estafeta de la generación del boom, cuando el autor de Aura sentó a Jorge Volpi, Ignacio Padilla y Pedro Ángel Palou, a su derecha, y a Cristina Rivera-Garza y Xavier Velasco a su izquierda para calificar al primer grupo de “archipiélago” y al segundo, de “islas”. Quizá simplemente se sonría recordando alguna primera vez.


Me atreví a rebasar mis propios límites, a mí me encanta hacer lo que un día dije que nunca haría, subvertirme a mí mismo

No me tengo en esa estúpida estima de pensar “alguien como yo no va a hacer esto”, no existe “alguien como yo”, existe un yo y tengo derecho a hacer absolutamente todo
Me gustan mucho las primeras veces. Me gusta decir, esta es la primera vez que hago esto, siempre como que me salté la bardita, decirme, no mucha gente se ha acercado a esta bardita.

Ese es el espíritu de la escritura.

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Cómo escribió Diablo Guardían

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