04 junio 2007

Voces

Ser alguien es ser alguien solo. Ser alguien es soledad.
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Siempre busco alguna luz y siempre en la noche y no alumbrado por ninguna luz.
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Todo juguete tiene derecho a romperse.
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Trátame como debes tratarme, no como merezco ser tratado.
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En el último instante, toda mi vida durará un instante.
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El ir derecho acorta las distancias y también la vida.
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Dios mío, casi no he creído nunca en ti, pero siempre te he amado.
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Dirán que andas por un camino equivocado, si andas por tu camino.
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Cuando me cansa lo superficial, me cansa tanto, que para descansar necesito un abismo.
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A veces, de noche, enciendo una luz para no ver.
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Eres cuanto te necesitan, no cuanto eres.
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Sé que no tienes nada. Por ello te pido todo. Para que tengas todos.
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Éramos yo y el mar. Y el mar estaba solo y solo yo. Uno de los dos faltaba.
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Tú crees que me matas. Yo creo que te suicidas.
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No comprendo cómo el hombre puede ser el hombre. Porque el hombre es lo que hay en él y lo que hay en él no es el hombre.
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Ahora el instante, luego lo eterno. El instante y lo eterno. Y sólo el instante es tiempo, porque lo eterno no es tiempo. Lo eterno es recuerdo del instante.
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Durmiendo sueño lo que despierto sueño. Y mi soñar es continuo.
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Te quiero como eres, pero no me digas cómo eres.
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Casi siempre es el miedo de ser nosotros mismos lo que nos lleva delante del espejo.
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Casi siempre es el miedo de ser nosotros lo que nos lleva delante del espejo.
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El sol es lo exterior de todas las noches y de todos los fríos.
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Un ala no es cielo ni tierra.
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Islas, puentes y alas: mis tres vidas separadas. Mis tres muertes unidas.
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De todos modos he llegado a hoy. Y así llegué a mi fin. De todos modos.

Voces. Antonio Porchia.

Publicado en Alforja, revista de poesía (primavera 2006)

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