02 abril 2009

Un apunte sobre Hermandad

Un apunte sobre Hermandad

Para Arlette Luévano, en su cumpleaños.


En una carta fechada en Cuernavaca, 24 de abril de 1975, Octavio Paz agradece a Pere Gimferrer la publicación de un artículo sobre El Mono Gramático, además le cuenta sobre la escritura de un “largo poema -500 líneas, más o menos. Es un poco distinto a lo que antes he escrito, algo así como una reflexión/rememoración de los años de adolescencia” y que será publicado en el Fondo de Cultura Económica. Aclara que la impresión de esa plaquette no implicaba un cambio de opinión acerca de entregar un libro de poemas a la editorial Seix Barral, inclusive menciona que podría terminarlo en abril o mayo y que también tiene otro libro, en revisión, sobre Sor Juana Inés de la Cruz.

El “largo poema” llevaba en ese entonces el título de "Tiempo adentro" y se transformó en Pasado en claro, como lo mencionó Adolfo Castañón en una conferencia sobre el poema de Paz (IV Encuentro de Escritores Latinoamericanos "Pasiones y obsesiones", Universidad del Claustro de Sor Juana, en abril del 2008 y publicada en el suplemento Confabulario de El Universal).

En esa misma conferencia, Castañón hace a referencia a una reseña de Juan García Ponce en la revista Plural (diciembre, 1975) en la que el autor de Crónica de la intervención señala que “Paz ha escrito un poema triste, esto es un poema alto y melancólico con la melancolía del que mira hacia la altura y encuentra el vacío, y desde su tristeza se vuelve hacia abajo y encuentra la verdad del cuerpo en la que se entierra el lenguaje y se eleva para encontrar su propio crecimiento de la verdad sin verdad de la vida, esa ausencia que se alimenta de todas las presencias y a la que las palabras convierten en irrecusable presencia, presencia que recorremos sonámbulos, con los ojos abiertos hacia adentro para que en el tránsito, en el camino sin fin, el alma escuche la voz de esos
pasos mentales más que
sombras,
sombras del pensamiento
más que
pasos,
que configuran el alma dándole cuerpo y presencia para desde más allá del tiempo hallar el tiempo y en la inmovilidad del lenguaje hallar la interminable movilidad de la vida en la que se encuentra la poesía: memoria del olvido”.

Uno puede suponer que el libro de poemas que refiere Paz a Gimferrer es Vuelta (Barcelona, Seix Barral, 1976), bajo ese mismo sello editorial publicaría tres títulos más de poesía: Poemas (1935-1975) en el 79, Árbol adentro (1976-1987) en el 1987 y Lo mejor de Octavio Paz. El fuego de cada día, en 1989.

En un post scriptum de la carta antes mencionada (incluida en Memorias y palabras. Cartas a Pere Gimferrer 1966-1997. Seix Barral, 1999) Paz agrega las siguientes líneas a Gimferrer:

"Hace unos días, leyendo The Greek Anthology –un libro de Peter Jay: al fin traducciones que hacen justicia a la extraordinaria modernidad de muchos de los poetas griegos- escribí este pequeño homenaje a Claudio Ptolomeo (la primera línea viene de un poema suyo, libro IX, 577):

Soy mortal: poco duro
y la noche es enorme.
Pero miro hacia arriba:
las estrellas escriben.
No leo su escritura,
sin entender comprendo.
También soy escritura
Y me trazó la misma mano.

No es un poema cristiano. Entonces ¿estoico? ¿Tal vez?"

Lo que Paz leyó de Claudio Ptolomeo y desató esos versos fue lo siguiente:
Sé que soy mortal pero cuando observo la moción circular de la muchedumbre de estrellas, no toco la tierra con los pies: me siento cerca del mismo Zeus y bebo hasta saciarme del licor de los dioses –la ambrosía.


En Una introducción a Octavio Paz (Cuadernos de Joaquín Mortiz, México 1990) Alberto Ruy Sánchez señala que en Árbol adentro “surge con fuerza la vertiente erótica de su poesía confirmando que su poética es más bien una erótica, en el sentido en que es una búsqueda del otro, de la “otredad” deseada, y un encuentro con ella en la superficie táctil del poema. En Árbol adentro todas las cosas –por ejemplo los árboles meciendo sus hojas- se vuelven lenguaje para hablar con la amada. Pero las cosas son signos que los amados se siembran.”

Es en ese libro de Paz en el que aparece la versión final del texto incluido en la carta a Gimferrer:


Hermandad
Homenaje a Claudio Ptolomeo

Soy hombre: duro poco
y es enorme la noche.
Pero miro hacia arriba:
las estrellas escriben.
Sin entender comprendo:
también soy escritura
y en este mismo instante
alguien me deletrea.

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