Perdón por intolerarlos
Debate
A lo largo de la semana el tema de discusión central del
proceso electoral fue la transmisión del debate. El sábado, cerca de las diez
de la noche el Instituto Federal Electoral (IFE) y la Cámara Nacional de la
Industria de Radio y Televisión (CIRT) firmaron un convenio para procurar
la transmisión en todo el país del primer debate entre los candidatos
presidenciales (subrayado mío). Mediante un comunicado el IFE resaltó
que con este acuerdo el encuentro podría ser escuchado y visto en todos los
estados, como señaló la portada de La
Jornada Aguascalientes del día de ayer, al final todo se redujo a la buena
voluntad de los concesionarios, un lo que sea su voluntad que siempre es muy
poco.
La discusión de este tema revela tristemente que en lo que
se refiere a procurar una democracia de mayor calidad, la participación de
todos los actores se reduce a estrictamente lo necesario. Los argumentos, en
realidad pretextos, traducen el cumplimiento de la ley a una interpretación
medrosa que se resuelve en mejor no hacer nada, si la ley no lo pide, entonces
no hay que hacerlo. Lo estrictamente necesario, que no lo justo, lo apenas
indispensable.
Finalmente, se transmitió. Y es necesario subrayar que en
materia de debates electorales la sociedad mexicana está en pañales, el primero
se realizó en 1994 y en un reloj que sólo marca sexenios el avance es muy poco.
Todavía no es posible de acuerdo si un debate de este tipo en verdad modifica
las tendencias, si será factor a considerar para quienes todavía no deciden su
voto, en las encuestas a bote pronto que diversos medios realizaron tras el
programa del domingo nada indica que sea así, el promedio de 25% de indecisos del
total de electores no se ha movido mucho.
Lo que sigue es, y ahí sí se tiene coincidencias acerca del
efecto pos debate, es que habrá cambios en las campañas, pero sólo en materia
de spots, de discurso superficial. Los días siguientes veremos las guerras de
cifras, pero sobre todo peroratas acerca de quién es el ganador del debate.
Ruido suficiente como para olvidar que la importancia de estos encuentros no
reside en mostrar un ganador, que se debería tratar de un intercambio de ideas,
exposición de motivos y defensa de posturas ideológicas, todo eso no fue y, al
parecer, no lo será. Rumbo al segundo debate seguirán las negociaciones de los
partidos para mantener un formato aburrido, simplón, sin ritmo, en donde ante
el acartonamiento de los actores (porque bajo ese esquema funcionan los
candidatos, a ese juego se prestan) lo único que resta es centrar la atención
en lo banal:
Cuando el debate podría ser un elemento que permita
enriquecer el criterio del elector, al final se vuelve en la cháchara acerca
del escote de la playmate que fungió
como edecán, si Gabriel Quadri perdió la mirada en el trasero de la auxiliar,
la sonrisa congelada de Guadalupe Juárez, si López Obrador hizo mal al darle la
espalda a la cámara o mostrar una fotografía al revés, los errores de (pésimos
encuadres, pobrísima producción) resultado del formato acartonado que los
mismos partidos negociaron, el tono soso de Vázquez Mota o el “gran acierto” al
señalar que el país no puede ser gobernado por alguien a quien se le debe
revisar la tarea o el pésimo gusto de mencionar una y otra vez el caso
Paulette, que si Peña Nieto es congruente en imagen porque comete los mismos
dislates que en su presentación en la Feria del Libro de Guadalajara o el “gran
acierto” al revirarle a la candidata del PAN que si no quiere revisar la tarea
no la califique, o si el “ganador” del debate fue el candidato de Nueva Alianza
porque sí realizó propuestas.
Un juicio sobre Quadri. Hace varias elecciones un partido
nuevo intentaba alcanzar el porcentaje mínimo de votos para mantener el
registro, durante la campaña uno de los candidatos se dio cuenta que lo que
redituaba en notas informativas era el escándalo, recuerdo haberle preguntado off the record por qué insistía en
presentar iniciativas escandalosas y con poca sustancia en ves de sus
propuestas originales, la respuesta fue apegada a la lógica electorera: la
gente quiere show, si digo cosas profundas, nadie me pela, si hago ruido, todos
voltean a verme.
Durante el debate, cada vez que pudo, Quadri acuso a los otros
de ser los políticos de siempre, los que “siembran el rencor, siembran la
discordia”. Desde su posición de no tener nada que perder, de ser un recurso
desesperado de Nueva Alianza al no encontrar quién le comprara su porcentaje de
votos, es sencillo para este candidato centrar su discurso en una sandez de ese
tamaño, querer convencer a los ciudadanos que él no es político y por eso hay
que otorgarle un voto. Si el problema central de la política nacional es la
falta de compromiso con las tareas que implica el servicio público, la
representación popular, apostar a desmarcarse señalando que se es ciudadano no
sólo es una incongruencia, es simplemente vil.
Reitero,
parece lógico el interés en lo banal, de nueva los candidatos perdieron la
oportunidad de hacer propuestas y se perdieron en los ataques, este argumento
se ha repetido todas las veces y se repetirá muchas más, pero no por la falta
de interés de la sociedad, no se trata de raiting,
considero que se trata de una expresión de rechazo ante el absoluto desprecio por
los ciudadanos que tienen los partidos políticos al establecer reglas tan
estrictas para no despeinar a los candidatos, porque creen que el intercambio
de ideas se trata de una contienda. Sólo así se entiende que a estas alturas
del partido sigan tratando al electorado como niños.
Publicado en
La Jornada Aguascalientes (07/05)

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