Perdón por intolerarlos
Capulinita ilustrado
De
un tiempo a esta parte, Capulina se ha apoderado del discurso político. La
frase que distinguió al llamado rey del humorismo blanco, forma parte de la
réplica de la clase política: No lo sé, puede ser, a la mejor, quizá, quién
sabe, tal vez… es lo que responden de bote pronto, o lo que es lo mismo, cuando
son sorprendidos por algún dato: No estoy enterado. Verificaré ese dato. Vamos
a checar… Incluso tienen ya ensayado el gesto con que giran el rostro, levantan
la ceja y dictan una orden con la mirada, y uno supone que se dirige al grupo
de asesores que regularmente los rodea.
No
importa el tema que se trate, Capulina les ayuda a salir del paso, a ganar
tiempo y uno debe suponer que en verdad lo harán, que en un futuro cercano
pedirán a su séquito que les actualice la cifra, le pasen el informe y le
muestren el uso equivocado que hizo de alguna cifra o el olvido de algún
nombre, sin embargo, lo cierto es que tras su respuesta, generalmente, no suelen
responsabilizarse del asunto otra vez, prefieren mantenerse en el error
mientras la información que usen les sirva para ilustrar su postura.
Por
la serie de programas que La Jornada Aguascalientes está realizando (En voz
alta. Martes por canal 30 de Ultravisión a las 22 horas) con el fin de que los
candidatos de todos los partidos cuenten con un espacio en los medios para
presentar sus propuestas y proyectos, he tenido la oportunidad de conversar con
diferentes candidatos a diputados, lamentablemente, todos ellos parecen
cortados por la misma tijera y estar aleccionados por el Capulinita cuando se
les contradicen los datos que aprendieron de las tarjetas elaboradas por sus
asesores, el conocimiento que tienen del Distrito que intentan representar es superficial,
en general ven a los electores como la masa que los espera al pie del estrado o
la mano a estrechar tras tocar una puerta, repiten de forma inclemente que
saben de las necesidades de la ciudadanía y manosean sin vergüenza los datos de
alguna encuesta que les dieron, los lugares comunes del diagnóstico: hace falta
empleo, modernizar el campo, generar oportunidades para los jóvenes, cuidar a
la tercera edad (les da prurito decir ancianos, como si fuera una mala
palabra), impulsar a la pequeña y mediana empresa… y así, encubiertos en la
corrección política, presumen que su campaña es a ras de suelo, que han tocado
el corazón de la ciudadanía y merecen representarlos porque los conocen y los
quieren. Sí, es este momento en que se puede insertar un clip de Homero Simpson
diciendo: aburrido.
De
vez en cuando, alguno de los aspirantes recurre a un dato estadístico,
invariablemente para subrayar la ineptitud de un partido, por ejemplo, equis
gobierna mal porque los datos muestran que está en primer lugar de desempleo, y
sonríe satisfecho como escolapio que ha enumerado todos los sacramentos; pero
cuidado con intentar profundizar en el dato, preguntarle, por ejemplo, la
relación entre competitividad y desempleo, porque entonces acuden al
Capulinita.
Lo
más grave quizá, es que fuera del discurso aprendido de: quiero ser legislador
porque tengo vocación de servicio y para apoyar decididamente a… (Otra vez
Homero: Aburrido) los aspirantes a legisladores no saben a qué van a la Cámara
(diputados o senadores). Sí, es posible que puedan hacer referencia a las
tareas que corresponden a un legislador, pero eso lo puede hacer cualquiera
tras una búsqueda en google, vamos, hasta es posible citar el artículo
constitucional que determina lo que se debe hacer.
Otro
ejemplo, cuando se les han presentado datos acerca de lo que gana un
legislador, la reacción primera es de sorpresa, un honesto desconocimiento de
cuánto se pueden embolsar de ganar las elecciones. Cuando se les indica que si
bien el salario neto de un diputado es de poco más de 150 mil pesos pero en
realidad su remuneración mensual puede alcanzar los 220 mil pesos, después de
cerrar la boca, sólo se les ocurre decir que no estaban enterados y van a
verificar el dato (La información proviene del estudio “¿Cómo y cuánto gasta la
Cámara de Diputados?” elaborado por María Amparo Casar Pérez para los cuadernos
de debate, de la serie El uso y abuso de
los recursos públicos del CIDE [http://goo.gl/AAKhh]).
Peor
si uno les cuestiona si tienen alguna propuesta para cambiar las condiciones
injustas (por decir lo menos) que reflejan el que un diputado gane 83 veces el
salario mínimo o 15 veces el pib per
cápita, simplemente no saben, no tienen idea. ¿Es grave?, considero que sí,
gravísimo, deje a un lado que no sepan lo que recibirán por el puesto al que
aspiran, la pena ajena se apropia de uno cuando los imagina durante su primer
día en alguna de las Cámaras, buscando desesperadamente quién les diga cómo y
qué debe de hacer, ojiabiertos por la remuneración y las prebendas que se han
merecido.
No
es difícil entender entonces, cómo es que todo se detiene en las manos de los
diputados y senadores, pues no es de dudar que como los aspirantes de
Aguascalientes, la ignorancia y el capulinismo se repita en todos los estados
de la República, que personajitos oscuros y de mediana estatura se encuentren
detrás del trono y sean el verdadero poder, porque saben la tonada que hace
bailar al perro.
Así
las cosas, sólo queda insistir una y otra vez en que presenten sus propuestas,
para saber si alguno de ellos (o sus asesores) tienen idea de lo que van
enfrentar.
Publicado
en La Jornada Aguascalientes (04/06)

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