Perdón por intolerarlos
Segundo Debate
La pregunta del día, otra vez, será, ¿quién fue el ganador
del Debate? Pregunta retórica que sólo se realiza para levantar el puño en alto
y designarse como vencedor de la conversación, eso es lo que hicieron los
cuatro candidatos, Andrés Manuel López Obrador, Enrique Peña Nieto, Gabriel
Quadri y Josefina Vázquez Mota, tras la transmisión del día de ayer, repetir
ante sus seguidores que dieron los mejores golpes, que su estrategia funcionó y
presentó de manera más clara sus propuestas. En la plaza y en el estudio, desde
la tarima y ante las grabadoras, el programa dominical será únicamente un punto
de referencia porque saben que los votos, todavía, se ganan en otra parte.
La pregunta del día, considero, debe ser otra, una que
cuestione la utilidad de este tipo de ejercicios, ¿de qué nos sirven dos horas
y cuarto de transmisión?, ¿qué ocurre tras bambalinas para que cada vez que
finaliza un debate se repitan las mismas quejas acerca del formato?, y lo mucho
que se desaprovecha la oportunidad de presentar propuestas y hacer de los
debates un momento decisivo para convencer al electorado. ¿Para qué sirven
entonces los debates?
Si nos guiamos por el desempeño de los candidatos es triste
lo que los cuatro consideran que pueden hacer a través de la televisión.
Josefina Vázquez Mota realizó su “ejercicio de imaginación”
y transformó a sus adversarios en la señora bien peinada mañosa y con malas
compañías, otra bipolar que amanece amorosa por la mañana y en la noche acusa
de traición, la tercera una señorita muy capaz con un problema grave porque tiene
que pedirle permiso a su mamá para todo. Cerró su participación describiendo
que la elección está entre quienes representan el pasado y quiénes el futuro,
auguró el retorno del autoritarismo de ganar el PRI y ofreció estabilidad
económica, seguridad y gobierno de coalición. Enfocada al final a obtener el voto
de los indecisos.
Enrique Peña Nieto estuvo en otra parte, en otro canal,
obstinado en defender la ventaja que le dan las encuestas, confundió propuesta
con la repetición del spot, la posibilidad de mostrarse como el candidato de la
paz (cualquier cosa que eso signifique) y ofreció reconciliación más allá de
las diferencias legitimas, mayor espacio a las coincidencias, eficacia en el
gobierno, pensión para el retiro, que México crezca tres veces más que lo que
ahora ha logrado y con la mirada fija mejores sueldos.
López Obrador también hablo de dos opciones, la del cambio
verdadero o más de lo mismo, combatir la corrupción, acabar con el desempleo,
la injusticia y la inseguridad. Hizo énfasis en terminar con la corrupción pues
es su tema, además, subrayó que tiene la autoridad moral para lograrlo.
Finalizó su participación con un llamado a todos los mexicanos a unirse para
terminar con este régimen de corrupción y privilegios.
Gabriel Quadri, el vergonzoso caso de la participación del
candidato de Elba Esther a quien tan le queda claro que lo que juega en las
elecciones es el porcentaje con que Nueva Alianza buscará seguir manipulando la
política nacional, que olvidó ser candidato e intentó moderar el debate,
disfrazó la vacuidad de sus ofrecimientos convirtiéndolos en preguntas para los
otros candidatos. Otra vez se abrogó el papel de ciudadano banalizando a la
clase política, empleó la caricatura para denostar a quienes sí están haciendo
campaña y compitiendo de forma real para obtener la presidencia. Acusó de
prometer sin decir los cómo y terminó haciendo algo igual de insulso,
prometiendo un Moderno liberal, prospero, sustentable, un país de las reformas
estructurales, claro, sin definir.
En resumen, ninguno de los candidatos aprovechó para
presentarse como estadista.
Regresando al cuestionamiento que considero vale la pena, ¿para
qué queremos debates? No se necesitan para compartir el diagnóstico, ese ya lo
tenemos, sabemos de las áreas de oportunidad, de la desigualdad, están
identificados los problemas. No sirven, por el formato, para presentar
propuestas. No han sido aprovechados para cambiar las tendencias del voto,
vamos, de acuerdo a sondeos de diversos medios, ni siquiera para convencer a
uno que otro indeciso.
Deberían servir entonces para, como electores, ir exigiendo
que las condiciones de la conversación atiendan las necesidades de la sociedad,
¿qué queremos saber?, ¿qué preguntas tenemos?, ¿qué nos preocupa?
Al finalizar el debate, a Enrique Peña Nieto le preguntaron
si era el último encuentro en que participaba, la respuesta del priísta fue la
de cajón, correctísima y apegada al guion que todos los candidatos del PRI
tienen: ya participé en los que establece la ley. Cancelando así la posibilidad
de tomar en cuenta la petición de los electores y hacer que los partidos dejen
de jugarle al tonto con largas discusiones acerca del tamaño del atril, la
posición de las cámaras o la aparición o no de una edecán. El resto de los
candidatos no se quedan atrás, de frente a las cámaras su postura es la de pedir
más espacios, en el war room las
instrucciones son otras.
Últimos datos, relacionados con las redes sociales,
especialmente Twitter y lo que se queda en el tintero por la hora del cierre:
360 mil usuarios de Twitter hablaron del tema, los usuarios
de internet podrán no significar (todavía) mucho, pero sin duda, tendrán que
ser considerados por todos los actores como una fuente para la toma de
decisiones, por lo menos en lo que a la realización de los debates (el formato,
una y otra vez) se refiere.
La imprudente intervención de Felipe Calderón a través de Twitter,
quien a través de su cuenta le contestó a Andrés Manuel López Obrador:
“Si el gobierno despidiera a todos los altos funcionarios,
de director a Presidente, ahorraría 2 000 mdp, no 300 000 mdp. ½ sueldo: 1 000
m.”
¿Debió haber contestado Calderón? Sí, pero no a uno a todos,
en tiempos revueltos una intervención así, a través de ese medio, es, por lo
menos, desafortunada.
¿Para que nos deberían de servir los debates? Para generar
un diálogo, Calderón mostró con su atolondramiento una vía, qué pena que olvidó
su papel y sólo mostró el encono contra un candidato.
Publicado en La Jornada Aguascalientes (11/06)
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