29 marzo 2007

memorias ajenas

Mi infancia son recuerdos que me traen las visitas como ofrenda, un regalo que se entrega en la puerta de la fiesta; llegan, saludan, entran y me dejan sobre el cuerpo la memoria de cómo me hice esta herida, cuál fue la palabra primera, qué lloré cuando me perdí en ese parque, dónde ocultaba el brillo inútil de mis juguetes secretos, quién me empujo a la sorpresa de andar solo en bicicleta, cuándo solté el globo rojo de los seis años que hizo de mi eso que ya no soy.

Si a la reunión familiar la atrapa el silencio, súbito alguien arroja una anécdota, que siempre empieza por ¿se acuerdan?, y conmigo en el centro, intercambian la versión de los hechos que a sus ojos me hacen hombre, me cuentan de qué estoy hecho: ese gesto soberbio es de tu tío, tienes los dedos chatos pero hábiles de tu madre, la risa tropezada y equina del abuelo, el andar encorvado y amenazante de tu padre.

En silencio, con ojos que ya no son míos, observo a ese niño muerto a golpes de memorias ajenas.

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