Grey de Alberto Chimal
Instrucciones para faltar al trabajo
Digamos que por un descuido de la máquina del azar que es la vida diaria (alguien olvidó tomar la pastilla roja o la pastilla azul; quizá ese alguien comió una de esas galletas con las que siempre pasa alguna cosa rara; vaya uno a saber) aparece Grey de Alberto Chimal a tu lado, es decir, amaneces y en vez de tu esposa, perro, gato o muñeco de peluche, sobre la cama, cerca de la almohada encuentras un libro.
Tú no sabes nada de Alberto Chimal y, en un principio, no te importa, siempre hay cosas más importantes que hacer que detenerse ante el autor de un libro. No sabes que Chimal nació en Toluca, que es un escritor que ha publicado libros de relatos como El rey bajo el árbol florido (1996), Gente de mundo (1998), El ejército de la luna (1998), El país de los hablistas (2001) y Éstos son los días (2004), también teatro El secreto de Gorco (1997) y Canovacci (1998), así como la colección de ensayos La cámara de las maravillas (2003).
A estas alturas ya te importó, pues has tomado el libro y entonces lees que el autor fue becario del FONCA, que ha obtenido el Premio de dramaturgia para niños de la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil así como el Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí y que recientemente ingreso al Sistema Nacional de Creadores de Arte.
Enterarte de esto te ha llevado poco tiempo, el justo para olvidar que aún sigues en la cama cuando tendrías que estar ya entrando en la ducha. Y abres Grey, te encuentras con el epígrafe, una cita bíblica, recuerdas que el libro de Jonás es aquel donde se cuenta la historia de un hombre a quien Dios le ordenó que amase a sus enemigos y que fue echado al mar y tragado por una ballena y… Por una relación extraña que no alcanzas a descifrar decides no contrariar la aparición de ese libro en tu cama, no sea la de malas y una ballena o una calabacera o Nínive, así que sigues con la lectura.
Lees, deja de importarte que no esté a un lado la esposa, el perro, gato o muñeco de peluche, tienes un libro y lo estás disfrutando, sin notar el paso del tiempo, sin que te pese, ya has leído más de veinte páginas, más que sorprenderte la cantidad de hojas, te llama la atención que estos cuentos no parecen cuentos y sin embargo no podrías llamarlos de otra manera, no te atreverías a calificarlos de hagiografías (como reza la contraportada) porque aunque aparecen Santa Godovina, Santa Cata, San Ecletio y San Luto de Maguncia, no son historias de sus vidas, sino otra cosa; entonces, son cuentos, pero no a los que estás acostumbrado, donde los hechos se suceden de forma ordenada, donde hay un principio, desarrollo y fin, cuentos donde se cuentan dos historias de forma organizada y la tensión narrativa resultado de esas dos historias simultáneas te llevan a la epifanía.
En los textos de Grey, lo intuyes, se rompen estas reglas del cuento clásico, es cierto que cada texto es una revelación de algo, pero la escritura de Chimal responde a un impulso distinto, son otros los mecanismos que se emplean.
Alguien que haya leído a Seis propuestas para el próximo milenio lo primero que te diría es que parte de la virtud de los textos de Grey reside en la atracción que ejerce sobre el lector su Rapidez, la correspondecia de la escritura con la segunda propuesta de Italo Calvino, ese concepto que centra la importancia del tiempo narrativo, del ritmo con el que fluye un texto, que en sus propias palabras es la "búsqueda de una expresión necesaria, única, densa, concisa, memorable"; y los cuentos de Chimal así son, por eso no has parado de leer.
Además, te estás divirtiendo, es poco menos que imposible dejar de leer porque disfrutas el tono lúdico en que te cuentan, por ejemplo, un bautizo, porque La catarata es un bautizo, el bautizo del autor ¿verdad? Lo cotidiano es observado desde el extrañamiento, mediante el humor y la puesta en escena de lo absurdo. Más de una ocasión te descubres, ahí, en medio de la cama, la espalda sobre la almohada, sonriendo y en ocasiones doblado de la risa al reconocer la habilidad del autor para darle la vuelta a leyendas, mitos, relatos que tú ya conoces pero que revisados con esa mirada juguetona se vuelven asertivos por maliciosos, líneas que tienes que contar exactamente en la forma en que están escritas para que no pierdan su chiste.
Y aquí saltaría de nuevo ese imaginario lector de Calvino para decirte que la escritura de Grey responde a otra de las propuestas: Exactitud, eso que se define como la lectura “donde el lenguaje llega a ser lo que realmente debería ser”, una literatura definida, nítida, precisa, donde las palabras expresan con la mayor precisión el aspecto sensible de las cosas.
Sigues con el libro hasta llegar a La pasión según la sombra y lees, de nueva cuenta reconoces, ahí entre la historia del Jesús y del Judas y de la María y el Juan se cuelan Shakespeare, Fernando de Rojas, Dario Fo, Lope de Vega, Sor Juana, Esquilo, citas de sus obras, claro –te dices- esto es Medea, aquello La vida es sueño, esto otro La muerte accidental de un anarquista; de nuevo la experimentación, una escritura que fragmenta y combina, que alude a otras formas de comunicación, que en su juego te permite una lectura rica en posibilidades de interpretación.
Ya olvidaste que los cuentos de Grey no son a los que estás acostumbrado, lo recordarás mucho tiempo después, al leer lo que Lauro Zavala dice del autor en Paseos por el cuento mexicano contemporáneo: “La fragmentación en la narrativa mexicana contemporánea tiende a la fractalidad, es decir hacia la escritura de unidades narrativas autónomas de extensión mínima con cierta semejanza entre ellas. Por esta razón se puede hablar de novelas formadas por minificciones integradas, como las de Alberto Chimal”. En ese futuro próximo, tras leer esta aseveración, la frase unidades narrativas autónomas de extensión mínima, por un instante te sentirás timado, ¡oh, entonces Grey es una novela!; para no sentirte mal contigo mismo explicarás que ya lo habías entendido: claro, por eso el Catálogo de sectas, esos tres apartados que hilvanan con humor la columna del libro, esa es una de las formas en que se están violando las fronteras genéricas que definen a la escritura posmoderna; tres minutos después de ese pensamiento en el que no te reconoces por el tono, lo olvidarás para insistir en que el libro de Chimal es un libro de cuentos absolutamente fantástico.
De regreso a la cama donde apareció misteriosamente Grey, tú sigues leyendo, sonríes, sonríes por el recuerdo de la posibilidad de dividir el mundo de acuerdo a una cantidad inagotable de sectas, no sólo los antitactistas, materialistas, ofiditas o dulzones que menciona el libro. Lo que ha logrado Alberto Chimal en ti es que salgas al mundo con una mirada renovada por el sentido del humor, la revelación de estos cuentos es el reencuentro con la capacidad (muchas veces olvidada) de mirar el mundo en los detalles que traen la felicidad, que logran divertirnos.
Insisto, el humor de Alberto Chimal es una revelación, estoy seguro que si me oyeras miembro de la secta de los que leen en la cama coincidirías conmigo, pero en este momento lo más que puedes hacer es disfrutar la portada del libro: Madre de los cerillos de Alan Glass, al borde del descubrimiento de la relación secreta que une a las imágenes de la cajita de cerillos, el botón de rosa y el caballito del diablo con los textos que acabas de leer, lo que descubres es otra cosa: se te ha ido la mañana entera, por culpa de Grey ya es demasiado tarde para llegar a la oficina, incluso demasiado tarde para llamar fingiéndote enfermo, ahora eres un miembro de la secta de los mediocritas.
Sólo un instante, miras a tu alrededor, sigue sin afectarte la ausencia de la esposa, perro, gato o muñeco de peluche, tienes ya el pretexto perfecto para el día de mañana: llegarás al trabajo, antes de la inquisición de tu jefe, antes de que levante el dedo flamígero acusando tus faltas, tenderás la mano derecha para ofrecerle Grey, así, con el gesto suave de quien invita a bailar, con una voz que es tuya pero suena extrañamente beatífica sólo dirás: conviértete. Tú, miembro de la secta de los chimalistas darás media vuelta para regresar sereno a tu lugar de trabajo.
Digamos que por un descuido de la máquina del azar que es la vida diaria (alguien olvidó tomar la pastilla roja o la pastilla azul; quizá ese alguien comió una de esas galletas con las que siempre pasa alguna cosa rara; vaya uno a saber) aparece Grey de Alberto Chimal a tu lado, es decir, amaneces y en vez de tu esposa, perro, gato o muñeco de peluche, sobre la cama, cerca de la almohada encuentras un libro.
Tú no sabes nada de Alberto Chimal y, en un principio, no te importa, siempre hay cosas más importantes que hacer que detenerse ante el autor de un libro. No sabes que Chimal nació en Toluca, que es un escritor que ha publicado libros de relatos como El rey bajo el árbol florido (1996), Gente de mundo (1998), El ejército de la luna (1998), El país de los hablistas (2001) y Éstos son los días (2004), también teatro El secreto de Gorco (1997) y Canovacci (1998), así como la colección de ensayos La cámara de las maravillas (2003).
A estas alturas ya te importó, pues has tomado el libro y entonces lees que el autor fue becario del FONCA, que ha obtenido el Premio de dramaturgia para niños de la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil así como el Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí y que recientemente ingreso al Sistema Nacional de Creadores de Arte.
Enterarte de esto te ha llevado poco tiempo, el justo para olvidar que aún sigues en la cama cuando tendrías que estar ya entrando en la ducha. Y abres Grey, te encuentras con el epígrafe, una cita bíblica, recuerdas que el libro de Jonás es aquel donde se cuenta la historia de un hombre a quien Dios le ordenó que amase a sus enemigos y que fue echado al mar y tragado por una ballena y… Por una relación extraña que no alcanzas a descifrar decides no contrariar la aparición de ese libro en tu cama, no sea la de malas y una ballena o una calabacera o Nínive, así que sigues con la lectura.
Lees, deja de importarte que no esté a un lado la esposa, el perro, gato o muñeco de peluche, tienes un libro y lo estás disfrutando, sin notar el paso del tiempo, sin que te pese, ya has leído más de veinte páginas, más que sorprenderte la cantidad de hojas, te llama la atención que estos cuentos no parecen cuentos y sin embargo no podrías llamarlos de otra manera, no te atreverías a calificarlos de hagiografías (como reza la contraportada) porque aunque aparecen Santa Godovina, Santa Cata, San Ecletio y San Luto de Maguncia, no son historias de sus vidas, sino otra cosa; entonces, son cuentos, pero no a los que estás acostumbrado, donde los hechos se suceden de forma ordenada, donde hay un principio, desarrollo y fin, cuentos donde se cuentan dos historias de forma organizada y la tensión narrativa resultado de esas dos historias simultáneas te llevan a la epifanía.
En los textos de Grey, lo intuyes, se rompen estas reglas del cuento clásico, es cierto que cada texto es una revelación de algo, pero la escritura de Chimal responde a un impulso distinto, son otros los mecanismos que se emplean.
Alguien que haya leído a Seis propuestas para el próximo milenio lo primero que te diría es que parte de la virtud de los textos de Grey reside en la atracción que ejerce sobre el lector su Rapidez, la correspondecia de la escritura con la segunda propuesta de Italo Calvino, ese concepto que centra la importancia del tiempo narrativo, del ritmo con el que fluye un texto, que en sus propias palabras es la "búsqueda de una expresión necesaria, única, densa, concisa, memorable"; y los cuentos de Chimal así son, por eso no has parado de leer.
Además, te estás divirtiendo, es poco menos que imposible dejar de leer porque disfrutas el tono lúdico en que te cuentan, por ejemplo, un bautizo, porque La catarata es un bautizo, el bautizo del autor ¿verdad? Lo cotidiano es observado desde el extrañamiento, mediante el humor y la puesta en escena de lo absurdo. Más de una ocasión te descubres, ahí, en medio de la cama, la espalda sobre la almohada, sonriendo y en ocasiones doblado de la risa al reconocer la habilidad del autor para darle la vuelta a leyendas, mitos, relatos que tú ya conoces pero que revisados con esa mirada juguetona se vuelven asertivos por maliciosos, líneas que tienes que contar exactamente en la forma en que están escritas para que no pierdan su chiste.
Y aquí saltaría de nuevo ese imaginario lector de Calvino para decirte que la escritura de Grey responde a otra de las propuestas: Exactitud, eso que se define como la lectura “donde el lenguaje llega a ser lo que realmente debería ser”, una literatura definida, nítida, precisa, donde las palabras expresan con la mayor precisión el aspecto sensible de las cosas.
Sigues con el libro hasta llegar a La pasión según la sombra y lees, de nueva cuenta reconoces, ahí entre la historia del Jesús y del Judas y de la María y el Juan se cuelan Shakespeare, Fernando de Rojas, Dario Fo, Lope de Vega, Sor Juana, Esquilo, citas de sus obras, claro –te dices- esto es Medea, aquello La vida es sueño, esto otro La muerte accidental de un anarquista; de nuevo la experimentación, una escritura que fragmenta y combina, que alude a otras formas de comunicación, que en su juego te permite una lectura rica en posibilidades de interpretación.
Ya olvidaste que los cuentos de Grey no son a los que estás acostumbrado, lo recordarás mucho tiempo después, al leer lo que Lauro Zavala dice del autor en Paseos por el cuento mexicano contemporáneo: “La fragmentación en la narrativa mexicana contemporánea tiende a la fractalidad, es decir hacia la escritura de unidades narrativas autónomas de extensión mínima con cierta semejanza entre ellas. Por esta razón se puede hablar de novelas formadas por minificciones integradas, como las de Alberto Chimal”. En ese futuro próximo, tras leer esta aseveración, la frase unidades narrativas autónomas de extensión mínima, por un instante te sentirás timado, ¡oh, entonces Grey es una novela!; para no sentirte mal contigo mismo explicarás que ya lo habías entendido: claro, por eso el Catálogo de sectas, esos tres apartados que hilvanan con humor la columna del libro, esa es una de las formas en que se están violando las fronteras genéricas que definen a la escritura posmoderna; tres minutos después de ese pensamiento en el que no te reconoces por el tono, lo olvidarás para insistir en que el libro de Chimal es un libro de cuentos absolutamente fantástico.
De regreso a la cama donde apareció misteriosamente Grey, tú sigues leyendo, sonríes, sonríes por el recuerdo de la posibilidad de dividir el mundo de acuerdo a una cantidad inagotable de sectas, no sólo los antitactistas, materialistas, ofiditas o dulzones que menciona el libro. Lo que ha logrado Alberto Chimal en ti es que salgas al mundo con una mirada renovada por el sentido del humor, la revelación de estos cuentos es el reencuentro con la capacidad (muchas veces olvidada) de mirar el mundo en los detalles que traen la felicidad, que logran divertirnos.
Insisto, el humor de Alberto Chimal es una revelación, estoy seguro que si me oyeras miembro de la secta de los que leen en la cama coincidirías conmigo, pero en este momento lo más que puedes hacer es disfrutar la portada del libro: Madre de los cerillos de Alan Glass, al borde del descubrimiento de la relación secreta que une a las imágenes de la cajita de cerillos, el botón de rosa y el caballito del diablo con los textos que acabas de leer, lo que descubres es otra cosa: se te ha ido la mañana entera, por culpa de Grey ya es demasiado tarde para llegar a la oficina, incluso demasiado tarde para llamar fingiéndote enfermo, ahora eres un miembro de la secta de los mediocritas.
Sólo un instante, miras a tu alrededor, sigue sin afectarte la ausencia de la esposa, perro, gato o muñeco de peluche, tienes ya el pretexto perfecto para el día de mañana: llegarás al trabajo, antes de la inquisición de tu jefe, antes de que levante el dedo flamígero acusando tus faltas, tenderás la mano derecha para ofrecerle Grey, así, con el gesto suave de quien invita a bailar, con una voz que es tuya pero suena extrañamente beatífica sólo dirás: conviértete. Tú, miembro de la secta de los chimalistas darás media vuelta para regresar sereno a tu lugar de trabajo.

3 comentarios:
Original la presentación, me gustó mucho; es la primera presentación que "escucho" en segunda persona...
Felicidades a Chimal y a los presentadores.
Tengo Grey desde hace tanto que se me hace raro ver que hace poco hubo una presentación... aunque creo que es lo mejor. Estaría genial ir a una presentación de Rayuela o de Los demonios. Eso sí, una buena presentación.
Por cierto, respondí tu correo, pero no supe si lo recibiste.
Saludos
Me agradó mucho la segunda parte de la presentación del libro.
Felicidades.
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