objetos perdidos
Amistad
La llamada me tomó por sorpresa, su voz la misma de entonces, la del joven que fuimos: las tardes salvajes en que trazamos ciudades nuevas a fuerza de caminar distintos las calles de siempre, las noches alquímicas en que entre sorbo y sorbo nos auguramos destinos de felicidad implacable, las madrugadas decisivas en que abrazamos con lujuria un cuerpo y esas mujeres fueron pretexto para explicarnos, los amaneceres vaporosos tendidos en el desorden de una cama ajena y las risas anulaban cualquier necesidad de justificarnos.
Quedamos de encontrarnos en el lugar de todas las veces, “como en los viejos tiempos, hermano” concluyó la llamada.
Lo espero, hoy como siempre, aparecerá como si no hubieran transcurrido los demasiados años que yo sí he contado, un rumor constante de marea agolpándose espumoso bajo los pies.
Hermano, voy a decirle mientras lo abrazo, distraerlo para que no vea el cuchillo que desde entonces he afilado para su regreso.
1 comentario:
Hola, llegó mi hermano Ramón Mondaca de Aguascalientes (Inegi, etc.) y cual sería mi sorpresa me preguntó si te conocía. Je, luego me contó cómo te conoció a tí y a tu esposa. Me quedé pensando en la certeza de que estamos en una gran aldea, ¿no?
Estoy organizando para la semana el Festival de la Palabra, un evento de escritores y lectores. Por razones de presupuesto y de tiempo no he podido invitar a gente como tú que me gustaría conocer y compartir literatura y cosas peores, pero ¿qué te parecería venir el año entrante con algún pretexto a dicho festival?
Prometo invitarte.
Un abrazo... nacho mondaca
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