Perdón por intolerarlos
Remedios equivocados
Cuando Marx definió la política como el arte de “buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”, seguro que no pensaba en legisladores mexicanos, sin embargo, en la descripción del buen Groucho encajan perfectamente los diputados de Aguascalientes que, al momento de escribir estas líneas, son incapaces de lograr un acuerdo acerca del presupuesto de egresos, en una historia que año con año se repite, sí, como caricatura de lo que el debate político y la defensa del interés común deberían ser.
Uno supone que los legisladores realizan con atención un análisis de los rubros en que el gobierno estatal propone gastarse el dinero y las decisiones que se toman van de la mano con la defensa del interés público, el de la colectividad, para así desarrollar formas inteligentes de distribuir el gasto, generar las condiciones para fortalecer la planta productiva, mejorar las condiciones de vida de todos los habitantes de la entidad, encauzar los programas sociales para hacerlos eficaces… Al parecer no es así. En política decir es hacer y las declaraciones recientes de los diputados muestra que la preocupación de los legisladores está en otro lado.
Hasta ahora el debate, al menos la parte pública del intercambio, ha consistido en la defensa de un interés común, el de los partidos, incluso al nivel de la defensa de posiciones individuales. Como muestra de la calidad de la discusión están las declaraciones del diputado del PAN Jaime Gallo y del priista Juan Fernando Palomino Topete (nota de José Antonio Zapata en La Jornada Aguascalientes, diciembre 26).
El panista acusa al secretario de gobierno estatal, Juan Ángel Pérez Talamantes de haber amenazado con la cancelación de despensas y apoyos para gestión social si no se aprobaba la propuesta del Ejecutivo, incluso se permite deslizar la idea de que las gestiones no han sido atendidas con oportunidad por un gobierno encabezado por un miembro de su propio partido. Mientras se discute la posibilidad de endeudar al Estado por millones de pesos, el panista se desgarra las vestiduras porque en un boletín de prensa se afirmó que el presupuesto estaría aprobado antes del 25 de diciembre.
El coordinador de la bancada del PRI no se queda atrás, acusa al mismo funcionario estatal de inmiscuirse en la vida interna del Congreso y en una viril defensa del honor institucional, le exige que se abstenga de cualquier acercamiento con los diputados, ya que “no es un interlocutor válido ante la sexagésima legislatura” y son ellos, sólo ellos, quienes tienen “las facultades y capacidades (sic) para decidir”.
Es posible que el aguinaldo de 78 mil pesos y el salario mensual de poco más de 50 mil pesos que recibieron los diputados de la LX Legislatura les permitan olvidar las condiciones de deterioro que Aguascalientes vive en materia de empleo y seguridad, por mencionar sólo dos, quizá no se han enterado del pronóstico generalizado de los especialistas acerca de cómo los efectos de la crisis económica originada en los Estados Unidos nos alcanzará con toda su fuerza en el 2009. Quizá, otra explicación que tengo a la mano, es que en la defensa de intereses partidistas pasan por alto su obligación como representantes populares, para dedicarse a aplicar las medidas y remedios equivocados.
Coda por alusiones personales
Lo primero que supe de José Luis Engels es que era el Carlos Monsiváis de Aguascalientes, así me lo presentaron. Después de leer la entrevista que le realizó Susana Rodríguez (La Jornada Aguascalientes, diciembre 23) con motivo de la presentación del poemario La siesta de un dios tatuado, recordé que Octavio Paz definió a Monsiváis como “un hombre de ocurrencias”, entonces sí, Engels es nuestro Monsiváis.
La nota de referencia señala que “los talleres del CIELA le parecen flojos a Engels y considera que debiera hacerse más, también le otorgó a Claudia Santa-Ana, encargada del centro que sea quien diga los motivos de esta falta de calidad”. Como tallerista del Centro de Investigación y Estudios Literarios de Aguascalientes, Fraguas, no me queda muy claro a qué se refiere con “calidad”, sé que calificar no corresponde a los directivos sino a quienes tuvieron la oportunidad de asistir a las sesiones a cargo de Mario Bellatin, Jorge Esquinca, Mario González Suárez, Francisco Hernández, Gerardo de la Torre, Salvador Gallardo Topete, del mismo Engels en alguna ocasión. Si algo hay que demandar a las instituciones es mantener esa oferta y mejorar la difusión de sus actividades.
Las otras ocurrencias de Engels, como que a Filo de Agua no se le quedan libros en la bodega, o cómo los compadrazgos, filias y maldad de las instituciones culturales “perjudican el proceso creativo”, bueno, son eso: ocurrencias que en busca de la promoción de un libro terminan evadiendo el tema de la obligación de la comunidad artística de exigir políticas culturales encaminadas a la formación de públicos y transparencia en el manejo de los recursos, incluso algo más sencillo: participar en el funcionamiento de los espacios con que se cuente, como el CIELA, para que las intrigas de café, la desidia de la autoridad y la falta de solidaridad de los creadores no los reduzcan a bonitas casas de puertas cerradas.
Publicado en La Jornada Aguascalientes, (28/12/08)
Remedios equivocados
Cuando Marx definió la política como el arte de “buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”, seguro que no pensaba en legisladores mexicanos, sin embargo, en la descripción del buen Groucho encajan perfectamente los diputados de Aguascalientes que, al momento de escribir estas líneas, son incapaces de lograr un acuerdo acerca del presupuesto de egresos, en una historia que año con año se repite, sí, como caricatura de lo que el debate político y la defensa del interés común deberían ser.
Uno supone que los legisladores realizan con atención un análisis de los rubros en que el gobierno estatal propone gastarse el dinero y las decisiones que se toman van de la mano con la defensa del interés público, el de la colectividad, para así desarrollar formas inteligentes de distribuir el gasto, generar las condiciones para fortalecer la planta productiva, mejorar las condiciones de vida de todos los habitantes de la entidad, encauzar los programas sociales para hacerlos eficaces… Al parecer no es así. En política decir es hacer y las declaraciones recientes de los diputados muestra que la preocupación de los legisladores está en otro lado.
Hasta ahora el debate, al menos la parte pública del intercambio, ha consistido en la defensa de un interés común, el de los partidos, incluso al nivel de la defensa de posiciones individuales. Como muestra de la calidad de la discusión están las declaraciones del diputado del PAN Jaime Gallo y del priista Juan Fernando Palomino Topete (nota de José Antonio Zapata en La Jornada Aguascalientes, diciembre 26).
El panista acusa al secretario de gobierno estatal, Juan Ángel Pérez Talamantes de haber amenazado con la cancelación de despensas y apoyos para gestión social si no se aprobaba la propuesta del Ejecutivo, incluso se permite deslizar la idea de que las gestiones no han sido atendidas con oportunidad por un gobierno encabezado por un miembro de su propio partido. Mientras se discute la posibilidad de endeudar al Estado por millones de pesos, el panista se desgarra las vestiduras porque en un boletín de prensa se afirmó que el presupuesto estaría aprobado antes del 25 de diciembre.
El coordinador de la bancada del PRI no se queda atrás, acusa al mismo funcionario estatal de inmiscuirse en la vida interna del Congreso y en una viril defensa del honor institucional, le exige que se abstenga de cualquier acercamiento con los diputados, ya que “no es un interlocutor válido ante la sexagésima legislatura” y son ellos, sólo ellos, quienes tienen “las facultades y capacidades (sic) para decidir”.
Es posible que el aguinaldo de 78 mil pesos y el salario mensual de poco más de 50 mil pesos que recibieron los diputados de la LX Legislatura les permitan olvidar las condiciones de deterioro que Aguascalientes vive en materia de empleo y seguridad, por mencionar sólo dos, quizá no se han enterado del pronóstico generalizado de los especialistas acerca de cómo los efectos de la crisis económica originada en los Estados Unidos nos alcanzará con toda su fuerza en el 2009. Quizá, otra explicación que tengo a la mano, es que en la defensa de intereses partidistas pasan por alto su obligación como representantes populares, para dedicarse a aplicar las medidas y remedios equivocados.
Coda por alusiones personales
Lo primero que supe de José Luis Engels es que era el Carlos Monsiváis de Aguascalientes, así me lo presentaron. Después de leer la entrevista que le realizó Susana Rodríguez (La Jornada Aguascalientes, diciembre 23) con motivo de la presentación del poemario La siesta de un dios tatuado, recordé que Octavio Paz definió a Monsiváis como “un hombre de ocurrencias”, entonces sí, Engels es nuestro Monsiváis.
La nota de referencia señala que “los talleres del CIELA le parecen flojos a Engels y considera que debiera hacerse más, también le otorgó a Claudia Santa-Ana, encargada del centro que sea quien diga los motivos de esta falta de calidad”. Como tallerista del Centro de Investigación y Estudios Literarios de Aguascalientes, Fraguas, no me queda muy claro a qué se refiere con “calidad”, sé que calificar no corresponde a los directivos sino a quienes tuvieron la oportunidad de asistir a las sesiones a cargo de Mario Bellatin, Jorge Esquinca, Mario González Suárez, Francisco Hernández, Gerardo de la Torre, Salvador Gallardo Topete, del mismo Engels en alguna ocasión. Si algo hay que demandar a las instituciones es mantener esa oferta y mejorar la difusión de sus actividades.
Las otras ocurrencias de Engels, como que a Filo de Agua no se le quedan libros en la bodega, o cómo los compadrazgos, filias y maldad de las instituciones culturales “perjudican el proceso creativo”, bueno, son eso: ocurrencias que en busca de la promoción de un libro terminan evadiendo el tema de la obligación de la comunidad artística de exigir políticas culturales encaminadas a la formación de públicos y transparencia en el manejo de los recursos, incluso algo más sencillo: participar en el funcionamiento de los espacios con que se cuente, como el CIELA, para que las intrigas de café, la desidia de la autoridad y la falta de solidaridad de los creadores no los reduzcan a bonitas casas de puertas cerradas.
Publicado en La Jornada Aguascalientes, (28/12/08)
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